Maquiavelo en Anatomía de la Historia


Los Discursos de Nicolás Maquiavelo según Manuel Artaza


portada discursos

La editorial AKAL viene de publicar los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Maquiavelo con estudio preliminar y notas del profesor de ciencias políticas de la Universidad de Santiago de Compostela Manuel Mª de Artaza Montero.
Artaza, que hace bien poco emprendió similar trabajo en el caso de El Príncipe, aborda en esta ocasión la obra mas intensa que il Machia dio a la imprenta, pues si el Príncipe (1513) resultaba ser una especie de “manual para tiranos” o cuando menos un texto que trata de desenmascararlos (Artaza dixit) en aquel vano afán del autor por reconciliarse con los caprichosos Médici, los Discursos (1512-1519) siempre han aparecido ante los expertos en la obra maquiaveliana como su mas sincera aportación al ideal republicano, y como tal, influencia fundamental en procesos políticos posteriores como la revolución inglesa del siglo XVII o la norteamericana de 1776. De hecho tanto John Adams, como Madison y Jefferson, tres de los principales “padres de la patria” norteamericana, consideraban al unísono que Maquiavelo había abierto una senda para construir un nuevo tipo de república.
En este sentido, Maurizio Viroli (La sonrisa de Maquiavelo) pudo afirmar:

“Después de su muerte, los Discursos se convirtieron en la guía intelectual y política para quienes amaban los ideales de la libertad republicana y buscaron, en Florencia y en otras partes de Europa y de las Américas, sustituir por libres repúblicas la dominación de príncipes y reyes.”

Así, aunque el profesor Artaza pone por delante una evidente falta de pensamiento político sistemático en Maquiavelo, con sucesivos cambios de perspectiva a lo largo de su obra, sí apunta que se trata de una valiosísima aportación en favor del pensamiento republicano, entendido como el afecto por un régimen político de hombres libres entregados al bien común. De ahí el elogio de la exitosa Roma dominando el mundo gracias a sus instituciones basadas primigeniamente en el civismo.
Señala Artaza que este despliegue del aparato conceptual de corte republicano apuntaba al anhelo maquiaveliano de una floreciente república Florentina formada por ciudadanos y líderes virtuosos con “armas propias” esto es, dotada de un ejército popular y no mercenario como era lo usual, para, de este modo, llegar a ser una “nueva Roma” con un destino imperial que sería en este caso una Italia unificada.
Estamos así ante una obra que, a pesar del evidente pesimismo antropológico propio del personaje, mostraba el anhelo por un cierto humanismo cívico capaz de regir a los florentinos con justicia y casi con amor. Nada extraño si reparamos que el Maquiavelo originario era un niño atento, hijo de buena familia venida a menos, acostumbrado a convivir con genios, pues por entonces Marsilio Ficcino, Pico della Mirandola, Lorenzo Valla y sus alegres compañeros florentinos de la academia que fundara Cósimo de Medici, se ocupaban de reinterpretar a Platón, topándose casi sin querer con un cierto espíritu occidental que algunos llamaron neoplatonismo, una curiosa filosofía que amaba la libertad y detestaba la tiranía: “la especie humana, que es libre por naturaleza, no debería estar, de hecho no puede estar, unida por ningún temor, sino solamente por amor.” Le gustaba decir a Ficcino. Los frutos literarios y artísticos del llamado humanismo colmaron la ciudad del Arno de buena filosofía e inteligencia, al menos hasta la llegada al convento de San Marco de un fraile Dominico, natural de Ferrara, que se hacía llamar Savonarola. Sus inflamadas prédicas contra la nueva y bella manera de ver las cosas acabaron muy pronto con la industriosa alegría florentina, Lorenzo de Médici se vio obligado a solicitar perdón al siniestro fraile antes de morirse de pena, Botticelli pronto cambió sus espléndidas Venus, Pallas y Floras por cientos de extraños y compulsivos bocetos que pretendían reflejar fehacientemente el infierno del Dante, un joven e influenciable Miguel Ángel pasará de pintar Venus con aspecto de vírgenes a reflejar Vírgenes con aspecto de madres dolorosas, en lo que fue un triste y general sometimiento a la oscuridad y a la intolerancia, de forma que la Florencia renacentista, aquella nueva Atenas, proporcionada, áurea, neoplatónica y geométrica casi dejó de existir.
Pero aquello no duró, Savonarola fue ajusticiado en mitad de la plaza de la Signoría y sus frailes y “llorones” (piagnoni) desaparecieron como por ensalmo del panorama civil a mayor gloria de la restauración medícea. Y, naturalmente, el espíritu de los humanistas pervivió para ilustrar a un joven Maquiavelo en el camino de la buena política.
Y es en este sentido de la capacidad maquiaveliana para proponernos asuntos de actualidad intemporal, donde reside el verdadero interés del personaje y la modernidad de su obra. Una característica, señala Artaza, perfectamente aplicable a otro grande de la ciencia política y dentro de ello, de la libertad ciudadana, el siempre sagaz Alexis de Tocqueville.
Entendiendo, pues, con Maquiavelo, que los pilares fundamentales de los estados son “las buenas leyes y la buenas armas”, podremos explicar, como hace el profesor Artaza, aquello de la “razón de estado” que tan mala fama le acarreó como ejemplo del peor de los cinismos políticos. En primer lugar il Machia nunco dejó dicha tal cosa, ni siquiera justificó los medios necesarios para acceder a un fin superior; en todo caso los excusó: “Guardamos nuestros reproches para quienes destruyen recurriendo a la violencia, no para aquellos que, aun siendo violentos, instauran el orden”. Pues de eso se trataba, de buscar la mejor manera de fundar, engrandecer y mantener un estado, que además, fuese justo y estuviese poblado de ciudadanos felices. Con ello no hizo mas que entrar por la puerta grande entre los fundadores de la ciencia política moderna (Máiz, 1986).
Como el mismo autor señala, lean esta obra, no les dejará indiferentes.

“Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Nicolás Maquiavelo, con estudio preliminar y notas de Manuel Mª de Artaza Montero.
Madrid, Ediciones Akal, 2016.
ISBN: 978-84-460-4258-7

 

 

 

De ingenieros navales (1770-1827)


Muy habitualmente he utilizado los magníficos trabajos sobre la historia de la ingeniería naval en España de mi buen amigo José María Sánchez Carrión, siempre rigurosos, documentados y amenos a la vez. Por eso es una gran noticia que la UPM ponga a disposición en la red la descarga en PDF de su monumental tesis doctoral llamada, precisamente: “Los ingenieros de la marina motores de la renovación y la tecnificación de la construcción naval española (1770-1827) :Su organización, academia y realizaciones.” Hoy los historiadores y los amantes del mundo naval estamos de enhorabuena. Gracias José María por tu generosidad. (Clic sobre la imagen para acceder).

Presentación del libro: Nicolás Maquiavelo, discursos sobre la primera década de Tito Livio. De Manuel Artaza


El próximo jueves, 13 de abril, presentaremos la reciente publicación del profesor de políticas, y buen amigo, Manuel María de Artaza. Una excelente oportunidad para repensar a Nicolás Maquiavelo, aquel “tunante” florentino.

Maquiavelo

Estreno de la obra teatral de Juan Mariñas y Luis Vivanco


Mariñas

“Piezas” Una exposición de Manuel Suárez Casal


Manuel Suárez

La riqueza de la libertad. Un libro de Fernando R. Genovés


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Es La riqueza de la libertad una colección de ensayos en torno a la génesis y desarrollo del pensamiento liberal que va camino de hacerse necesariamente un clásico, como todo lo que toca Fernando. Uno no recuerda desde los tiempos de Raymond Aron o su maestro Max Weber, un esfuerzo teórico de línea tan clara, por veces humorística, sobre la significación esencial del liberalismo como valladar contra pensamientos únicos y monsergas totalitarias. Combates, en fin, contra aquella legión de teorizantes que Antonio Escohotado dio en llamar muy afortunadamente “los enemigos del comercio”. Así, Genovés nos recuerda la raíz del problema, vista como la pervivencia entre nosotros de la ideología mas fracasada de la historia, por inútil y ciertamente inhumana, y muy especialmente el triste alargo de su agonía bajo el amparo de una clase política anclada en el cinismo, el pensamiento romo y la supervivencia propia:

“Sea como fuere, y como el necio tiende a escuchar al impostor y a ignorar al discreto, son muchos, entre nosotros, los que se dejan llenar la cabeza de pájaros que hacen volar malsanamente la imaginación a aspirantes a creadores y a no pocos ingenieros y arquitectos sociales, que segregan flujos variados ante la sola perspectiva de ver erigir un edificio o academia con severa inclinación hacia la izquierda, no importa que muestre peligrosos riesgos de desplome. La pléyade de artistas, escritores e intelectuales sesentayochistas con afán de epatar e irritar al burgués se define por su tendencia al exceso verbal, a la pirotecnia sintáctica y a la esquizofrenia semántica. Pero, sus desmanes de mandarín no quedan ahí, sino que se extienden alarmantemente hasta el espacio de la irresponsabilidad.”

Y mas adelante:

“Hay quien todavía se sorprende al observar la capacidad de la izquierda política de sacudirse de encima todas las zozobras y penas provocadas en la humanidad, prácticamente desde su misma irrupción en la escena histórica, sin mostrar apenas signos de fatiga, disposición a cambiar de aires o una mínima expresión de «autocrítica». La arrogancia y la contumacia de tan brava actitud, a menudo, más que ganada, son piadosamente perdonadas por bastantes de sus adversarios. Así, éstos les absuelven casi siempre. Aquéllos, a cambio, les perdonan la vida, a veces.”

A partir de ahí, Genovés retoma mucho de lo selecto del pensamiento en torno al valor de la libertad personal, desde, naturalmente, nuestro siempre admirado Baruch Espinoza a todos los que vinieron después léase John Stuart Mill, Benjamin Constant, Raymond Aron, Hayek, por supuesto que Alexis de Tocqueville, Karl R. Popper, el gran Isaiah Berlin o Fréderic Bastiat.
Excelente compañía para un viaje que urge como nunca realizar, viniendo los tiempos como vienen. Algo que nos quiere recordar Fernando R. Genovés por boca del pensador sensato de entre los sensatos, Tocqueville:
“Creo que en cualquier época —afirma— yo habría amado la libertad; pero en los tiempos que corremos me inclino a adorarla.” (Democracia en América, II, Cuarta Parte, Capítulo VII).”
Combates, pues, esenciales para comprender lo que ocurre, cosa difícil de dilucidar a través de los medios o de la escuela, tal como va, con esa ética “patrimonializada” por una suerte de pensamiento que va camino de hacerse único, buenista y solo epidérmicamente bienpensante:

“La autoproclamada superioridad moral de la que hace gala el socialismo frente al capitalismo recibe su energía de la peculiar «transvalorización de los valores» que lleva a cabo. Las bondades pasan así a ser maldades, mientras lo siniestro adquiere rango de virtud cívica. En ningún caso, empero, el anticapitalista, paladín de la justicia y la igualdad, percibe problema alguno en combinar la patrimonialización de la ética con el efecto de las políticas que preconiza: más Estado, más Gobierno, más intervencionismo, mayor legislación, más gasto público, más impuestos, más pobreza y más paro, mayor control oficial, más regulación… Y todo ello siempre por medio de la coacción y la imposición.”

Fernando R. Genovés
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