Ausencias


maderas

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde
.

Ausencia – Jorge Luis Borges

Leyó por casualidad “tardes que fueron nicho de tu imagen…”, el viejo Borges siempre pertinente, casi exacto y por veces esencial. Hay tardes así, dominadas por la memoria y contadas añoranzas, tardes pobladas por el desconcierto que causa la ausencia que se sabe inevitable. Y luego observar alrededor, la canícula implacable, tanto ser irrelevante para ti, la nadería de una hora tras la otra, el rumor de las conversaciones de niños a los que hay que entretener; esperar impaciente que venga el camarero, que traiga la comanda, luego el café y la cuenta y siempre tardando. Conducir al atardecer hacia lugares prescindibles que no deseas ni ver, ni pasear, ni guardar en la memoria. Si, la ausencia obligada es mala cosa, causa distimia y malas digestiones, arruga el alma, pudre los conceptos, exaspera malamente la existencia y luego nada, mañana…poco mas.

Artículo sobre la exposición “Sin Excusas” de Manuel Suárez


Clic en el enlace para acceder

Sobre El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias de Fernando R. Genoves


MF3-1122

“No entiendo el viaje —atención a esto, lector— como una forma de alargar la vida, sino de ensancharla. La diferencia entre ambas categorías no la considero baladí. Ya nuestra vida, la de cada uno, supone un transitar con destino a una estación término. Viajar por el mundo no significa para mí prolongar la vida, pretendiendo así, ingenuamente, que dure más. En vez de una suerte de suero de inmortalidad o un elixir de eternidad, las jornadas viajeras las vislumbro como genuinos ejercicios de expansión. Así entiendo el viaje, así lo emprendo y aquí lo cuento.”

De El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias. Fernando R. Genoves.

Hace ya algún tiempo, con ocasión de la elaboración de un prólogo para la obra de un buen amigo que, casualidades de la vida, ama profundamente el alma de las ciudades, pergueñé un texto que comenzaba mas o menos así:

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá.”

                                                  Cavafis: “La ciudad”

“Hay quien sostiene que la ciudad de cada quien es en realidad siempre la misma, que todas las ciudades son la misma ciudad mil veces repetida. Pero hasta Konstandinos Cavafis, tenido por uno de los padres del aserto, confesaba preferir su Alejandría a las demás, como Albert Camus amaba su grisácea Orán o Paul Auster el incomparable y multicultural Brooklyn. Cavafis, claro es, había dado con unos versos afortunados que no estaba dispuesto a desechar, aunque en el fondo supiese, como sabemos todos, que la ciudad a la que pertenecemos forma parte esencial de nuestro ser. Es así que prefiero pensar, como creía Montesquieu, que el ambiente, el clima, la amalgama específica de humores entre los que uno se cría, se imbrican de tal modo en nuestra realidad que nadie podría explicarnos sin aclarar antes nuestros orígenes: “Varias cosas gobiernan a los hombres —nos recuerda el filósofo francés en el Espíritu de las Leyes—: el clima, la religión, las leyes, las máximas del gobierno, los ejemplos de las cosas pasadas, las costumbres, las maneras (…) De ello resulta la formación de un espíritu general” .

Antes, bastante antes, había escrito sobre las experiencias literarias de otro viajero “sthendaliano”, el paseante invisible, mi querido amigo Ignacio Jáuregui, quien, a lo que parece y desde entonces no ha dejado de viajar. Entonces escribí reflexiones de este tenor:

“Sabido es que, si nos fiamos del Telediario, todos viajamos muchísimo, no existe puente, santo patrón o día comunitario que no suponga una avalancha de personal en busca de ignotos horizontes. La obsesión general es, además, grabarlo, fotografiarlo todo, capturar un instante como un trofeo que nos recuerde que “yo también estuve allí”.

A veces me pregunto para que van si muy pocos se preocupan de saber qué están viendo. Se viaja compulsivamente, por no ser menos que el vecino, para emitir signos de industria y ocupación, aunque ésta se resuma en trasladar más bien atolondradamente deudas y problemas de un sitio para otro.

Stendhal, Goethe, Rilke, aquellos románticos introspectivos sí parecían saber viajar, lo hacían con la mente, con las piernas y con el corazón, eran viajes al mundo que revertían en el yo, también en los demás. Hoy sólo parecemos afanarnos en sobrecargar nuestra nada flamante y carísima Visa Card.

O eso creía yo, hasta que di con uno de los blogs de Ignacio. Se llama El paseante invisible, no se lo deben perder, cosas así, hermosas y pertinentes en el fondo y en la forma, ya no se encuentran. Tal vez, sólo nos reste agradecer a Ignacio su extraordinaria retina y su generosidad compartiendo hermosas imágenes e inteligentes textos con nosotros, pero cuidado, amigo, hay quien dice que se puede enfermar con la exasperante contemplación de la belleza. Se cuenta que eso fue lo que le ocurrió a Stendhal en los interiores de la Santa Croce florentina. A mí no me ocurrió, o sí me ocurrió, pero no precisamente así, por contemplar los catafalcos de los próceres itálicos, me sucedió mientras disfrutaba a la salida de una carísima cerveza en una terraza cercana, fue entonces cuando reparé en la presencia de una hermosa tudesca, rubia y bronceada, lucía una leve camiseta de tirantes de color verde oliva, aquel día, desde la distancia, me habló para siempre, ya no se si soy afortunado o el más desdichado de los hombres, pero, maldita sea, me sonrió y alzó su copa por mí. Por desgracia, estaba acompañado…”

Hoy, gracias a la generosidad de Fernando, tengo ante mí una obra de fuste viajero de esas de agradecer y caras de ver. Retinas inteligentes son las que vamos precisando con mayor urgencia a cada día que pasa, visto lo visto y supuesto lo que ha de venir. El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias es la obra de un observador sensible al mundo, atento a lo que ocurre e ilustrado para comprenderlo, diríase que con personalísima alma de cirujano. Prefiere, como yo, Italia, Ámsterdam o Nueva York antes que Estocolmo o Praga:

“Nueva York está diseñada a ritmo de jazz: es armónica, en su delirio de sonidos interpuestos, y alcanza el éxtasis, en la capacidad demostrada para la improvisación creativa y sublime, sin llegar nunca a cansarse ni a desfallecer por la energía compulsiva que la hace vibrar. Nueva York es, como los sueños, como el cine clásico, una ciudad en blanco y negro. Así la veo yo.” Nos dice.

Y, ¿cómo no?, ¿quién de los nuestros se atreve a hurtarse a la atracción de Roma la eterna?:

“Hasta la misma decadencia resulta hermosa en Roma, allí donde el curso del tiempo se ha detenido para hacerse corso. Como en el verso de Goethe en Fausto, siente uno ganas de cantar a propósito del tiempo en Roma: «Si un día le digo al fugaz instante:/ «detente, eres tan bello»,/ puedes entonces cargarme de cadenas,/ entonces consentiré gustoso en morir»”

Y esas frases salpicadas de lúcida poesía, marca y señal de la casa:

“Resulta conmovedor percibir tanto desamparo en un solo país, Portugal, con Lisboa a la cabeza.”

Simples retazos de una obra esencial para el viajero canicular. Les sorprenderán textos cautivadores como los que hemos adelantado aquí, salpicados de fotografías maravillosamente evocadoras, obra también del autor. El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias   está disponible en e-book. No se la pierdan, serán mas felices este verano. Gracias, querido Fernando.

Vídeo de la entrevista al historiador Guillermo Llorca Freire para EDUGA-Revista Galega do Ensino


Guillermo Llorca Freire (Ferrol, 1950) profesor, historiador, escritor y periodista. Recientemente jubilado de su tarea como profesor en el IES Sofía Casanova de Ferrol, el polígrafo ferrolano concede una intensa entrevista a la Revista Galega do Ensino/EDUGA a través de la cual pasa cumplida revista a su ingente tarea publicística y a su visión de la enseñanza desde el punto de vista de un docente “emérito”, referente de la alta cultura ferrolana y gallega.

Hablamos de Ferrol, su querida ciudad, de su rica historia a partir de la creación del Arsenal del Rey en el noroeste peninsular. De su posterior evolución hacia formas monocultivo industrial, en ocasiones paliadas por el espíritu emprendedor de los ferrolanos. Hablamos también de la intensa vida cultural del Ferrol de los siglos XIX y XX, de las tertulias, del Casino, de la “refundación” del Ateneo y de la riqueza productiva de la intelectualidad ferrolana, en especial en el campo de la historia que había permanecido casi olvidada desde los tiempos de Montero Aróstegui o Fort y Roldán.

Le preguntamos por su faceta periodística, también por su vocación de profesor referente en el campo de la historia para muchas generaciones de enseñantes, nos cuenta del entusiasmo que le producía el saber desde niño, la voluntad de querer conocer, y la tristeza que le produce encontrar a los alumnos y alumnas de las nuevas generaciones anclados en la cultura meramente visual, en el corta-pega de internet y en una cierta falta de espíritu crítico, que se echa tanto en falta.

Nos cuenta de sus herramientas docentes: la prensa, el cine, el acercarse al medio saliendo de las aulas, nos habla del valor del trabajo de campo, estrategias docentes que proceden del deseo de contagiar saber al alumnado, explicando, en definitiva,  cómo un profesor entusiasta genera entusiasmo por conocer y aprender, “esto –asegura – siempre ha sido así, no hay mucho mas secreto”.

Enlace al vídeo en You Tube

Salida del número 69 de EDUGA, Revista Galega do Ensino


Aquí os dejo el enlace al número de junio de la Revista Galega do Ensino EDUGA, que dirigimos desde hace algunos años ya.

http://www.edu.xunta.es/eduga/

Eduga via kwout

Artículo sobre el pintor pontevedrés Manuel Aramburu para Periodista Digital


Clic en el enlace para acceder

Hablando de El Gran Capitán en Tiempo de Historia


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 575 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: