“Aforo Ilimitado”un libro de Fernado R. Genovés


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Es “Aforo Ilimitado” la propuesta tempranera de Fernando R. Genovés para este 2017, compuesto al estilo de sus “Aforismos”, el libro resulta ser una extraordinaria propuesta de literatura inmediata, de leer del tirón o en volandas, según se prefiera y con la calidad y la agudeza propia de la casa con solera que es la de Fernando. Alegría, profundidad, ironía y reflexión de la necesaria, tomen sino este botón de muestra magistral:

El tuitero en la red social representa hoy la versión virtual del crédulo paranoico. Está persuadido de que la gente le sigue…

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En el libro del amor, las secciones más sugestivas se hallan entre paréntesis y en los apéndices.

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Para el Estado nada en el interior del bolsillo del ciudadano le es ajeno.

Pocas maneras mejores de iniciar el año de lecturas. Ya disponible en Amazon.

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Fernando R. Genovés reseña “La Guerra de Sir John Moore”


La riqueza de la libertad. Un libro de Fernando R. Genovés


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Es La riqueza de la libertad una colección de ensayos en torno a la génesis y desarrollo del pensamiento liberal que va camino de hacerse necesariamente un clásico, como todo lo que toca Fernando. Uno no recuerda desde los tiempos de Raymond Aron o su maestro Max Weber, un esfuerzo teórico de línea tan clara, por veces humorística, sobre la significación esencial del liberalismo como valladar contra pensamientos únicos y monsergas totalitarias. Combates, en fin, contra aquella legión de teorizantes que Antonio Escohotado dio en llamar muy afortunadamente “los enemigos del comercio”. Así, Genovés nos recuerda la raíz del problema, vista como la pervivencia entre nosotros de la ideología mas fracasada de la historia, por inútil y ciertamente inhumana, y muy especialmente el triste alargo de su agonía bajo el amparo de una clase política anclada en el cinismo, el pensamiento romo y la supervivencia propia:

“Sea como fuere, y como el necio tiende a escuchar al impostor y a ignorar al discreto, son muchos, entre nosotros, los que se dejan llenar la cabeza de pájaros que hacen volar malsanamente la imaginación a aspirantes a creadores y a no pocos ingenieros y arquitectos sociales, que segregan flujos variados ante la sola perspectiva de ver erigir un edificio o academia con severa inclinación hacia la izquierda, no importa que muestre peligrosos riesgos de desplome. La pléyade de artistas, escritores e intelectuales sesentayochistas con afán de epatar e irritar al burgués se define por su tendencia al exceso verbal, a la pirotecnia sintáctica y a la esquizofrenia semántica. Pero, sus desmanes de mandarín no quedan ahí, sino que se extienden alarmantemente hasta el espacio de la irresponsabilidad.”

Y mas adelante:

“Hay quien todavía se sorprende al observar la capacidad de la izquierda política de sacudirse de encima todas las zozobras y penas provocadas en la humanidad, prácticamente desde su misma irrupción en la escena histórica, sin mostrar apenas signos de fatiga, disposición a cambiar de aires o una mínima expresión de «autocrítica». La arrogancia y la contumacia de tan brava actitud, a menudo, más que ganada, son piadosamente perdonadas por bastantes de sus adversarios. Así, éstos les absuelven casi siempre. Aquéllos, a cambio, les perdonan la vida, a veces.”

A partir de ahí, Genovés retoma mucho de lo selecto del pensamiento en torno al valor de la libertad personal, desde, naturalmente, nuestro siempre admirado Baruch Espinoza a todos los que vinieron después léase John Stuart Mill, Benjamin Constant, Raymond Aron, Hayek, por supuesto que Alexis de Tocqueville, Karl R. Popper, el gran Isaiah Berlin o Fréderic Bastiat.
Excelente compañía para un viaje que urge como nunca realizar, viniendo los tiempos como vienen. Algo que nos quiere recordar Fernando R. Genovés por boca del pensador sensato de entre los sensatos, Tocqueville:
“Creo que en cualquier época —afirma— yo habría amado la libertad; pero en los tiempos que corremos me inclino a adorarla.” (Democracia en América, II, Cuarta Parte, Capítulo VII).”
Combates, pues, esenciales para comprender lo que ocurre, cosa difícil de dilucidar a través de los medios o de la escuela, tal como va, con esa ética “patrimonializada” por una suerte de pensamiento que va camino de hacerse único, buenista y solo epidérmicamente bienpensante:

“La autoproclamada superioridad moral de la que hace gala el socialismo frente al capitalismo recibe su energía de la peculiar «transvalorización de los valores» que lleva a cabo. Las bondades pasan así a ser maldades, mientras lo siniestro adquiere rango de virtud cívica. En ningún caso, empero, el anticapitalista, paladín de la justicia y la igualdad, percibe problema alguno en combinar la patrimonialización de la ética con el efecto de las políticas que preconiza: más Estado, más Gobierno, más intervencionismo, mayor legislación, más gasto público, más impuestos, más pobreza y más paro, mayor control oficial, más regulación… Y todo ello siempre por medio de la coacción y la imposición.”

Fernando R. Genovés
La riqueza de la libertad está disponible en Amazon.es

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias de Fernando R. Genoves


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“No entiendo el viaje —atención a esto, lector— como una forma de alargar la vida, sino de ensancharla. La diferencia entre ambas categorías no la considero baladí. Ya nuestra vida, la de cada uno, supone un transitar con destino a una estación término. Viajar por el mundo no significa para mí prolongar la vida, pretendiendo así, ingenuamente, que dure más. En vez de una suerte de suero de inmortalidad o un elixir de eternidad, las jornadas viajeras las vislumbro como genuinos ejercicios de expansión. Así entiendo el viaje, así lo emprendo y aquí lo cuento.”

De El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias. Fernando R. Genoves.

Hace ya algún tiempo, con ocasión de la elaboración de un prólogo para la obra de un buen amigo que, casualidades de la vida, ama profundamente el alma de las ciudades, pergueñé un texto que comenzaba mas o menos así:

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá.”

                                                  Cavafis: “La ciudad”

“Hay quien sostiene que la ciudad de cada quien es en realidad siempre la misma, que todas las ciudades son la misma ciudad mil veces repetida. Pero hasta Konstandinos Cavafis, tenido por uno de los padres del aserto, confesaba preferir su Alejandría a las demás, como Albert Camus amaba su grisácea Orán o Paul Auster el incomparable y multicultural Brooklyn. Cavafis, claro es, había dado con unos versos afortunados que no estaba dispuesto a desechar, aunque en el fondo supiese, como sabemos todos, que la ciudad a la que pertenecemos forma parte esencial de nuestro ser. Es así que prefiero pensar, como creía Montesquieu, que el ambiente, el clima, la amalgama específica de humores entre los que uno se cría, se imbrican de tal modo en nuestra realidad que nadie podría explicarnos sin aclarar antes nuestros orígenes: “Varias cosas gobiernan a los hombres —nos recuerda el filósofo francés en el Espíritu de las Leyes—: el clima, la religión, las leyes, las máximas del gobierno, los ejemplos de las cosas pasadas, las costumbres, las maneras (…) De ello resulta la formación de un espíritu general” .

Antes, bastante antes, había escrito sobre las experiencias literarias de otro viajero “sthendaliano”, el paseante invisible, mi querido amigo Ignacio Jáuregui, quien, a lo que parece y desde entonces no ha dejado de viajar. Entonces escribí reflexiones de este tenor:

“Sabido es que, si nos fiamos del Telediario, todos viajamos muchísimo, no existe puente, santo patrón o día comunitario que no suponga una avalancha de personal en busca de ignotos horizontes. La obsesión general es, además, grabarlo, fotografiarlo todo, capturar un instante como un trofeo que nos recuerde que “yo también estuve allí”.

A veces me pregunto para que van si muy pocos se preocupan de saber qué están viendo. Se viaja compulsivamente, por no ser menos que el vecino, para emitir signos de industria y ocupación, aunque ésta se resuma en trasladar más bien atolondradamente deudas y problemas de un sitio para otro.

Stendhal, Goethe, Rilke, aquellos románticos introspectivos sí parecían saber viajar, lo hacían con la mente, con las piernas y con el corazón, eran viajes al mundo que revertían en el yo, también en los demás. Hoy sólo parecemos afanarnos en sobrecargar nuestra nada flamante y carísima Visa Card.

O eso creía yo, hasta que di con uno de los blogs de Ignacio. Se llama El paseante invisible, no se lo deben perder, cosas así, hermosas y pertinentes en el fondo y en la forma, ya no se encuentran. Tal vez, sólo nos reste agradecer a Ignacio su extraordinaria retina y su generosidad compartiendo hermosas imágenes e inteligentes textos con nosotros, pero cuidado, amigo, hay quien dice que se puede enfermar con la exasperante contemplación de la belleza. Se cuenta que eso fue lo que le ocurrió a Stendhal en los interiores de la Santa Croce florentina. A mí no me ocurrió, o sí me ocurrió, pero no precisamente así, por contemplar los catafalcos de los próceres itálicos, me sucedió mientras disfrutaba a la salida de una carísima cerveza en una terraza cercana, fue entonces cuando reparé en la presencia de una hermosa tudesca, rubia y bronceada, lucía una leve camiseta de tirantes de color verde oliva, aquel día, desde la distancia, me habló para siempre, ya no se si soy afortunado o el más desdichado de los hombres, pero, maldita sea, me sonrió y alzó su copa por mí. Por desgracia, estaba acompañado…”

Hoy, gracias a la generosidad de Fernando, tengo ante mí una obra de fuste viajero de esas de agradecer y caras de ver. Retinas inteligentes son las que vamos precisando con mayor urgencia a cada día que pasa, visto lo visto y supuesto lo que ha de venir. El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias es la obra de un observador sensible al mundo, atento a lo que ocurre e ilustrado para comprenderlo, diríase que con personalísima alma de cirujano. Prefiere, como yo, Italia, Ámsterdam o Nueva York antes que Estocolmo o Praga:

“Nueva York está diseñada a ritmo de jazz: es armónica, en su delirio de sonidos interpuestos, y alcanza el éxtasis, en la capacidad demostrada para la improvisación creativa y sublime, sin llegar nunca a cansarse ni a desfallecer por la energía compulsiva que la hace vibrar. Nueva York es, como los sueños, como el cine clásico, una ciudad en blanco y negro. Así la veo yo.” Nos dice.

Y, ¿cómo no?, ¿quién de los nuestros se atreve a hurtarse a la atracción de Roma la eterna?:

“Hasta la misma decadencia resulta hermosa en Roma, allí donde el curso del tiempo se ha detenido para hacerse corso. Como en el verso de Goethe en Fausto, siente uno ganas de cantar a propósito del tiempo en Roma: «Si un día le digo al fugaz instante:/ «detente, eres tan bello»,/ puedes entonces cargarme de cadenas,/ entonces consentiré gustoso en morir»”

Y esas frases salpicadas de lúcida poesía, marca y señal de la casa:

“Resulta conmovedor percibir tanto desamparo en un solo país, Portugal, con Lisboa a la cabeza.”

Simples retazos de una obra esencial para el viajero canicular. Les sorprenderán textos cautivadores como los que hemos adelantado aquí, salpicados de fotografías maravillosamente evocadoras, obra también del autor. El alma de las ciudades. Relatos de viajes y estancias   está disponible en e-book. No se la pierdan, serán mas felices este verano. Gracias, querido Fernando.

“Dos veces bueno, breviario de aforismos y apuntamientos” de Fernando R. Genovés


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“Los seres humanos no somos esencialmente débiles, pero sí natural¬mente frágiles. La debilidad es un desfallecimiento, un comenzar a mo¬rir, una negación de la vitalidad. La fragilidad denota, en cambio, tanto calidad y valor cuanto delicadeza; señala lo quebradizo, pero apunta también a la exquisitez y a la excelencia. Somos, pues, sustancialmente delicados, seres que hay que tratar con cuidado, más que proteger.”
Fernando R. Genovés en “Dos veces bueno”

Suelo comentar a menudo que las lecturas de algunos admirados amigos me producen la extraña sensación de que en alguna otra y venturosa vida me he criado junto a ellos, o hemos compartido colegio, cátedra o Dios sabe qué. El caso es que cuando esto ocurre me siento mas cercano a ellos que a aquellos con los que en realidad he compartido mi suerte de infante. Serán filias, lecturas y sensibilidades comunes, será simple complicidad intelectual, pero el caso es que cuando esto ocurre la lectura se vuelve manjar y disfrute para los sentidos.
No es necesario ocultar aquí que con Fernando R. Genovés, el hombre que jamás olvida su sombrero, me ocurre exactamente esto cada vez que me asomo curioso y esperanzado a su última producción. Así que comprenderán que es para mí un un verdadero placer hablar hoy aquí de “Dos veces bueno, breviario de aforismos y apuntamientos” (Evohé 2014), una obra compuesta de literaturas breves que caminan desde el aforismo al cuento o la simple, o no tan simple, reflexión. Una suerte de colección de apuntes de “Moleskine” ciertamente inspirada, madura, sabia y deliciosa.

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Genovés no oculta aquí sus querencias y referentes, que naturalmente, son en muchos casos también míos. Michel de Montaigne, faltaría mas, el primero de ellos; aunque tengo para mí que el viejo Marco Aurelio no andaba muy lejos a la hora de concitar ciertas afirmaciones y certezas.
“Dos veces bueno” es un libro esencialmente erudito, fruto de lecturas intensas y de reflexiones sin urgencias, espejo evidente de un enorme poso intelectual aupado al éxito por un finísimo sentido del humor marca de la casa, que hacen de su lectura, mas en tiempos de holganza y canícula, una experiencia realmente agradable, donde la risa acompaña a la reflexión y a ciertas recapitulaciones vitales que no vienen nada mal alcanzada la edad madura. Harán mal en perdérselo, porque es libro de mesilla, de leer a ratos, de disfrutar a cualquier hora y, sustancialmente, de provecho.

“Entre Brumas” según Fernado Genovés


Crítica de BH de Napoleón por Fernando R. Genovés


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