Edhasa, mi editorial de siempre, cuenta su historia para las Jornadas Históricas de Granada


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Fragilitas


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Es fácil ser admirable cuando se permanece inaccesible
André Maurois

Sería tal vez el hartazgo general que proporcionaban los asuntos siempre pendientes, sería también cosa del trasiego excesivo de licor, pero aquella noche Ronney Ledo no se sentía en disposición de compadecerse de nadie. Oportunidad y subsistencia, en tan solo dos palabras se podía reducir la complejidad de cualquier relación humana, lo que vale para una casi siempre se puede aplicar a otra, las mismas frases de rendida admiración, la misma entrega resulta susceptible de aplicación al siguiente ordinal en la lista de afectos; caminamos en orden correlativo y pasmosa recurrencia. Las cartas, las frases dichas casi al oído, hurtadas al mundo, solo precisan de un cambio de nombre aquí y allá y el trabajo queda hecho. Casi todo lo que se dice, lo que regala el oír, son saldos conmutativos, ítems recurrentes diseñados con un fin lejano al nominalismo, se busca la pertenencia, la compañía, el placer y el afecto; quien lo proporcione es menos importante, quien esté y se deje, ese será, somos menesterosos, somos frágiles.

Hablando de Bernardo de Gálvez en Tiempo de Historia


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Hablando de Hernán Cortés en Tiempo de Historia


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Breve Historia de Napoleón según “Los Mundos”


Las críticas de los lectores, seguramente lo que mas importa. Clic en la imagen para acceder

Los inventos bélicos de Domingo de Andrade


Un artículo para la web de Coruña metrópoli.Clic en la imagen para acceder

La última navidad de Otilo Stingler


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“Poco influían en Scrooge el frío y el calor externos. Ninguna fuente de calor podría calentarle, ningún frío invernal escalofriarle. El era más cortante que cualquier viento, más pertinaz que cualquier nevada, más insensible a las súplicas que la lluvia torrencial. Las inclemencias del tiempo no podían superarle. Las peores lluvias, nevadas, granizadas y neviscas podrían presumir de sacarle ventaja en un aspecto: a menudo ellas «se desprendían» con generosidad, cosa que Scrooge nunca hacía.”

Cuento de Navidad, Chales Dickens

Cierta ambivalencia en disposición y sentimientos, molestias orgánicas en las honduras faríngeas y bastante laxitud anímica; aparentemente la singularmente alargada navidad de Otilo Stingler había transcurrido bajo la sensación de haber salvado alguna suerte de mobiliario frente a una previsible hecatombe vital. Y no obstante, persistían ciertas sensaciones inevitables, el mundo se le había poblado de satélites orbitando persistentemente en torno a su cabeza, elementos en realidad bastante molestos y esencialmente irrelevantes. Existía aquello de la lealtad al pasado y la lealtad al futuro y el dolor que conlleva, existía también la fatiga que causa el sufrimiento y no poder enmendarlo o no hacerlo del todo y sobre ello el hastío. Y no obstante, Stingler a fuerza de malas noches, caminaba hacia ciertos convencimientos mucho menos epidérmicos. Las malas noches avivan la consciencia, eso no se duda y en medio de aquellos viajes avivados por lo prostático, lo faríngeo y el tabaquismo, averiguó que llegado a la edad madura podía proclamar ciertos anhelos confesables y otros que no lo eran tanto. Uno podría verse uncido al yugo de las permanentes urgencias como un viejo buey castrón de piel gruesa y arrugada, aguijoneada mil veces por la crueldad del pastor, uno podría verse como una avefría cautiva del insolente cuco anclado en sus demandas, pero aún cabía soñar en la liberadora irresponsabilidad; soñar en la existencia de la valija escueta, en el sombrero de paja, en el trópico soleado, en la sabia labor adormecedora del ron añejo, en la benzodiacepina experta en bajar el telón con cierta dignidad y en probar a conciencia las permutaciones del amor que le venían de natural a cada paso por la vida; soñar, en fin, en la improbable egolatría.

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