De arbitristas…en Anatomía de la Historia


Margherita


 

 

La observé durante un largo rato, tuve tiempo para ello, Marguerita  hablaba cadenciosamente del pasado, lo hacía con distancia y entonación lenta, entre bocanada y bocanada de humo, la cabeza levemente inclinada sobre su hombro izquierdo, las manos recogidas sobre sus piernas flexionadas, haciendo resonar su voz profunda en el fondo de la estancia. Aquel desapego en el discurso pudiera interpretarse como indiferencia y casi olvido, pero yo ya sabía entonces que no se trataba exactamente de eso, sino de una especie de deseo  de dejar todo aquello atrás, de eliminar el lastre suficiente para tomar las riendas de la vida, completamente y para siempre. Demasiadas servidumbres acumuladas, demasiadas cesiones a las que no le habían conducido la sumisión mas o menos convencional, tampoco las inercias culturales y mucho menos la debilidad de carácter, sino una especie de extraña conmiseración que parecía sentir con los que precisan de muletas vitales para afianzarse en el camino, habitualmente a costa del ser humano que toman como inquilino. Pues bien, todo aquello parecía haberle hastiado, era un hecho, sentía la necesidad de cambiar de paredes y de asuntos, estas cosas se perciben enseguida, también de amante y seguramente de aliño indumentario. No me extrañó aquella serenidad, parecía pertenecerle desde la cuna, así que pude reclinarme sin prisa y observar sus pequeñas manos casi inertes sobre el remate de sus rodillas. Pensé entonces que era deliciosa, que podría dedicar el resto de mi tiempo a prospectar cada ángulo, cada pliegue de su piel, recordándole de ese modo, si eso fuese realmente necesario, que no lo sería, que estaba lista para vivir al amparo de la verdadera libertad, donde no hay placeres prohibidos, pero tampoco obligatorios, sabiendo que los malditos reproches deben quedar a beneficio de inventario, hundidos en la misma miseria que un mal día pretendieron diseminar.

Breve Historia de los Borbones Españoles, editado en checo


Esta mañana me han llegado algunos ejemplares de los Borbones editados en idioma checo. Una curiosidad que nos habla de que a algunos libros les salen patas y transitan por donde tienen a bien.

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