Breve Historia de los Borbones en la Revista Clío


Dentro del monográfico de biografías nº 6 dedicado por la revista Clío a la casa de Borbón, se incluye nuestro trabajo sobre Felipe V, basado en la Breve Historia de los Borbones Españoles.  Un verdadero placer estar ahí; placer doble además al compartir publicación con José Luis Gómez Urdáñez, encargado de reseñar a Fernando VI. La revista está ya disponible en sus kioscos.

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Maquiavelo en Anatomía de la Historia


Los Discursos de Nicolás Maquiavelo según Manuel Artaza


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La editorial AKAL viene de publicar los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Maquiavelo con estudio preliminar y notas del profesor de ciencias políticas de la Universidad de Santiago de Compostela Manuel Mª de Artaza Montero.
Artaza, que hace bien poco emprendió similar trabajo en el caso de El Príncipe, aborda en esta ocasión la obra mas intensa que il Machia dio a la imprenta, pues si el Príncipe (1513) resultaba ser una especie de “manual para tiranos” o cuando menos un texto que trata de desenmascararlos (Artaza dixit) en aquel vano afán del autor por reconciliarse con los caprichosos Médici, los Discursos (1512-1519) siempre han aparecido ante los expertos en la obra maquiaveliana como su mas sincera aportación al ideal republicano, y como tal, influencia fundamental en procesos políticos posteriores como la revolución inglesa del siglo XVII o la norteamericana de 1776. De hecho tanto John Adams, como Madison y Jefferson, tres de los principales “padres de la patria” norteamericana, consideraban al unísono que Maquiavelo había abierto una senda para construir un nuevo tipo de república.
En este sentido, Maurizio Viroli (La sonrisa de Maquiavelo) pudo afirmar:

“Después de su muerte, los Discursos se convirtieron en la guía intelectual y política para quienes amaban los ideales de la libertad republicana y buscaron, en Florencia y en otras partes de Europa y de las Américas, sustituir por libres repúblicas la dominación de príncipes y reyes.”

Así, aunque el profesor Artaza pone por delante una evidente falta de pensamiento político sistemático en Maquiavelo, con sucesivos cambios de perspectiva a lo largo de su obra, sí apunta que se trata de una valiosísima aportación en favor del pensamiento republicano, entendido como el afecto por un régimen político de hombres libres entregados al bien común. De ahí el elogio de la exitosa Roma dominando el mundo gracias a sus instituciones basadas primigeniamente en el civismo.
Señala Artaza que este despliegue del aparato conceptual de corte republicano apuntaba al anhelo maquiaveliano de una floreciente república Florentina formada por ciudadanos y líderes virtuosos con “armas propias” esto es, dotada de un ejército popular y no mercenario como era lo usual, para, de este modo, llegar a ser una “nueva Roma” con un destino imperial que sería en este caso una Italia unificada.
Estamos así ante una obra que, a pesar del evidente pesimismo antropológico propio del personaje, mostraba el anhelo por un cierto humanismo cívico capaz de regir a los florentinos con justicia y casi con amor. Nada extraño si reparamos que el Maquiavelo originario era un niño atento, hijo de buena familia venida a menos, acostumbrado a convivir con genios, pues por entonces Marsilio Ficcino, Pico della Mirandola, Lorenzo Valla y sus alegres compañeros florentinos de la academia que fundara Cósimo de Medici, se ocupaban de reinterpretar a Platón, topándose casi sin querer con un cierto espíritu occidental que algunos llamaron neoplatonismo, una curiosa filosofía que amaba la libertad y detestaba la tiranía: “la especie humana, que es libre por naturaleza, no debería estar, de hecho no puede estar, unida por ningún temor, sino solamente por amor.” Le gustaba decir a Ficcino. Los frutos literarios y artísticos del llamado humanismo colmaron la ciudad del Arno de buena filosofía e inteligencia, al menos hasta la llegada al convento de San Marco de un fraile Dominico, natural de Ferrara, que se hacía llamar Savonarola. Sus inflamadas prédicas contra la nueva y bella manera de ver las cosas acabaron muy pronto con la industriosa alegría florentina, Lorenzo de Médici se vio obligado a solicitar perdón al siniestro fraile antes de morirse de pena, Botticelli pronto cambió sus espléndidas Venus, Pallas y Floras por cientos de extraños y compulsivos bocetos que pretendían reflejar fehacientemente el infierno del Dante, un joven e influenciable Miguel Ángel pasará de pintar Venus con aspecto de vírgenes a reflejar Vírgenes con aspecto de madres dolorosas, en lo que fue un triste y general sometimiento a la oscuridad y a la intolerancia, de forma que la Florencia renacentista, aquella nueva Atenas, proporcionada, áurea, neoplatónica y geométrica casi dejó de existir.
Pero aquello no duró, Savonarola fue ajusticiado en mitad de la plaza de la Signoría y sus frailes y “llorones” (piagnoni) desaparecieron como por ensalmo del panorama civil a mayor gloria de la restauración medícea. Y, naturalmente, el espíritu de los humanistas pervivió para ilustrar a un joven Maquiavelo en el camino de la buena política.
Y es en este sentido de la capacidad maquiaveliana para proponernos asuntos de actualidad intemporal, donde reside el verdadero interés del personaje y la modernidad de su obra. Una característica, señala Artaza, perfectamente aplicable a otro grande de la ciencia política y dentro de ello, de la libertad ciudadana, el siempre sagaz Alexis de Tocqueville.
Entendiendo, pues, con Maquiavelo, que los pilares fundamentales de los estados son “las buenas leyes y la buenas armas”, podremos explicar, como hace el profesor Artaza, aquello de la “razón de estado” que tan mala fama le acarreó como ejemplo del peor de los cinismos políticos. En primer lugar il Machia nunco dejó dicha tal cosa, ni siquiera justificó los medios necesarios para acceder a un fin superior; en todo caso los excusó: “Guardamos nuestros reproches para quienes destruyen recurriendo a la violencia, no para aquellos que, aun siendo violentos, instauran el orden”. Pues de eso se trataba, de buscar la mejor manera de fundar, engrandecer y mantener un estado, que además, fuese justo y estuviese poblado de ciudadanos felices. Con ello no hizo mas que entrar por la puerta grande entre los fundadores de la ciencia política moderna (Máiz, 1986).
Como el mismo autor señala, lean esta obra, no les dejará indiferentes.

“Discursos sobre la primera década de Tito Livio” de Nicolás Maquiavelo, con estudio preliminar y notas de Manuel Mª de Artaza Montero.
Madrid, Ediciones Akal, 2016.
ISBN: 978-84-460-4258-7

 

 

 

“Utopía y Poder en Europa y América”. Tecnos, enero de 2016


Así se llama el libro colectivo, coordinado por Rafael Herrera, que incluye nuestro artículo: “Disimulado cautiverio”, la teocracia jesuítica del Paraguay (1609-1750); realidad y ficción en la “Tierra sin mal”.  Una reflexión sobre las reducciones jesuíticas del Paraguay, con el que hemos disfrutado mucho por asunto y compañía.

“El golfista complaciente” una novela de Luis R. Cao.


Luis Cao

“Porque el tiempo es una fronda viva, maleable, sólo igual a sí misma, sin principio ni fin, sin un norte al que orientarnos. No hay dirección ni camino por el que transitar porque todo puede suceder o no suceder nunca.”
De El golfista complaciente. Luis R. Cao

Después de “Vendrá la muerte y dirá mi nombre”, Luis R. Cao (Lugo, 1957), nos ofrece con su “golfista complaciente” (Zarabanda edicións, 2015) un delicioso ejercicio de de placeres sobrevenidos, los mismos que se conceden a aquel que decide desde muy joven no pelearse con la vida. Sutil erotismo y también hedonismo del que se permite dejarse amar. Esto podría ser todo si no se tratase de Cao, claro; sus novelas siempre buscan la intensidad de las esencias del comportamiento humano y cualquiera sabe que nada es sencillo y que todo acto a la postre causa dolor propio y ajeno. Ahí encontramos los absurdos del vivir que amamos y denostamos a partes iguales con sentido de diletante sobrealimentado.
“El golfista” resulta ser así una delicia para los sentidos siempre atenta al temor que producen en nosotros las transgresiones y las arduas consecuencias que planean sobre el sujeto que se sabe inmerso en el sentimiento de los demás. Esos “otros” que siempre existen, que están ahí con su pensamiento erróneo y su deseo de poseer lo que nunca les debiera haber sido otorgado.
Es, así, la vida que ocurre y acarrea consecuencias, que trae plenitud y también vacío. Toda una lección aplicada, obra de un escritor que es músico y psicólogo y tantas otras cosas mas sin las cuales no podría ser como es, ni escribir como escribe, aunque a veces le gustaría negarlo. No es cosa de perdérsela.

Ausencias


maderas

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde
.

Ausencia – Jorge Luis Borges

Leyó por casualidad “tardes que fueron nicho de tu imagen…”, el viejo Borges siempre pertinente, casi exacto y por veces esencial. Hay tardes así, dominadas por la memoria y contadas añoranzas, tardes pobladas por el desconcierto que causa la ausencia que se sabe inevitable. Y luego observar alrededor, la canícula implacable, tanto ser irrelevante para ti, la nadería de una hora tras la otra, el rumor de las conversaciones de niños a los que hay que entretener; esperar impaciente que venga el camarero, que traiga la comanda, luego el café y la cuenta y siempre tardando. Conducir al atardecer hacia lugares prescindibles que no deseas ni ver, ni pasear, ni guardar en la memoria. Si, la ausencia obligada es mala cosa, causa distimia y malas digestiones, arruga el alma, pudre los conceptos, exaspera malamente la existencia y luego nada, mañana…poco mas.

Artículo sobre la exposición “Sin Excusas” de Manuel Suárez


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