Autoridad y educación según Manuel Fernández Blanco


fernández blancoEn el marco del XXXII congreso de la Asociación Nacional de inspectores de educación, celebrado recientemente en A Coruña, el psicólogo clínico Manuel Fernández Blanco  nos regaló una excelente ponenecia en torno al liderazgo y la autoridad en el contexto educativo. Una aportación lúcida y creo que necesaria en estos tiempos en los que se camina sin referentes verdaramente relevantes. Aquí les dejo el descargable del artículo: EDUCACIÓN,_CRISIS_DE_VALORES_Y_AUTORIDAD_AUTÉNTICA-

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Manhattan

¿Has aprendido algo de mí? susurró Emily con voz entrecortada. Rooney Ledo contempló largamente su belleza y comenzó a recitar el rosario inabarcable que desde siempre le rondaba el ánimo, dijo -¿aprender? He aprendido lo que es una verdadera mujer, lo que es una verdadera madre, he aprendido a disfrutar de tu imagen en atavío de presunto deporte, como odias ponerte esas zapatillas y aquel chándal ochentero; aprendí de sinceridades y de ausencia de respetos humanos, aprendí de libertad, de desinhibición y de generosidad, aprendí de risas y falsos enfurruñamientos, aprendí de tu alegría y de formas cabales de razonar. Aprendí de tu inteligencia extraordinaria, de tu sabiduría y de tus miedos, esos que siempre he aspirado a enjugar; aprendí a amar sin recato, con furor y extravagancia, aprendí cómo se hace bien un trabajo, cómo se es un verdadero profesional cuando toca serlo, aprendí de tus habilidades y de tu música, de tu manera de abrazar y el modo en que me consuelas, aprendí a apreciar tu cocina y tu gusto exquisito en cada ocasión, aprendí de delicadeza y de pasión salvaje, desmedida, aprendí a embriagarme sin recato ni pudor y aprendí lo áspera e insalubre que regresa la vida fuera de ti y de tu amor transitable hasta el fin.

Ad Dolorem


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”Al mismo tiempo, las palabras son verdaderas y muy traicioneras, y tienes que inventar, porque ya están muy viejas; hay poemas de Babilonia con 15 mil años en que los poetas se lamentan que todo está dicho, que ya no hay nada más qué decir. Entonces sigues trabajando con palabras que han sido utilizadas por tantos escritores. Así que todo tu trabajo es en el sentido de que las palabras que están antes y después tenga una existencia propia, tengan sangre. Eso es lo que intentas con tu trabajo.”

Antonio Lobo Antunes

Sin apetito, pensó en el dolor, el dolor genérico, abusivo, constante, sin raíz ni tampoco descanso; asunto explicable solo por un puñado de razones que encontró bastante concretas, el brusco impacto de intereses encontrados, el cuerpo que se quiebra, el abandono propio y ajeno, la miseria, ciertos fracasos vitales, el desamor; y seguía sin comprender, a pesar de todo algo se escapaba entre sus dedos cansados, —podía proseguir—, el infierno que siempre son los demás como decía Sartre, la extraña y contradictoria psiquis de cada quién; el miedo a mañana, al instante desgarrador, a la confesión o a conocer lo que nunca has querido saber y aún con todo, el dolor puede con ello y con mucho mas, le sobran armas y argumentos, eso será —se dijo. Tosió quedamente durante un instante, no será el gobierno el que me saque de fumar con sus precios confiscatorios, será el dolor en alguna de sus punzantes variables, el día en que todo este tinglado orgánico se vaya definitivamente a la mierda o yo no pueda siquiera comprar tabaco, lo que antes suceda.

Arquitecturas vitales según Ignacio Tomás


Ignaio Tomás

 

No sólo es la libertad de pensamiento compatible con la paz del Estado, sino que suprimirla implica destruir dicha paz (…) Los gobiernos no deben esforzarse por convertir a los seres humanos en bestias o peleles, sino fomentar que desarrollen sus mentes y cuerpos rodeados de seguridad, empleando su razón sin ninguna especie de grilletes”.

Baruch Spinoza

 

Seguir el rastro en la red a Ignacio Tomás es hurgar en la rabiosa independencia, y eso complace especialmente a todo el que esté con aquel aserto de Plutarco que rezaba: “No necesito amigos que cambien de parecer cuando yo cambio, y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor.” Los aldabonazos literarios de Ignacio recuerdan solo a una cosa, al pensamiento libre, peregrino y honesto de aquel judío portugués de Ámsterdam que negociaba las verdades del barquero sin temor a los anatemas de la casta rabínica. Resulta difícil en tiempos de mal pasar como estos, en los que cada quien se arrima a la casta sistémica como mejor puede en ánimo de agradar por lo que pueda caer, encontrar espíritus verdaderamente libres. Claro que la libertad sin ilustración de poco sirve al escritor y, claro es, Ignacio resulta ser un tipo a la antigua, esto es, sobradamente leído e instruido.

Con ese cóctel en las venas, nos tiene acostumbrados a textos pertinentes que derraman una cierta cabal espiritualidad, no precisamente de canonjía, bastante rara de ver ya, que, francamente, entusiasma por una frescura muy alejada de la cultura de cuota que estamos obligados a digerir. Son textos totales, que hablan de política y de amor, también de fraternidad y de una cierta esperanza en lo mejor del género humano, de ese común sufrido y maltratado por quienes poseen el único mérito de haberse arrimado a cualquiera de las mafias legalmente establecidas en los estados conocidos por democráticos. Su última novela, descargable en ebook, por nombre “Matemática lítica” es arquitectura punto laberíntica y borgiana y un canto de amor y esperanza, aunque antes de reconocer tal cosa, Ignacio preferiría dejarse arrancar la piel a tiras. Huelga decir que no hay que perdérsela, literatura de altura ante la general desesperanza.

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte


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Rooney Ledo levantó por un instante la vista de los papeles con los que llevaba trasteando buena parte del verano. Desde el gran ventanal de la casa de la playa podía observar con demasiada claridad para su gusto a los bañistas disfrutando del calor de la tarde, también a las gaviotas rondando el añil de aquel cielo increíble. Sonrió quedamente para sí, aquella gente le pareció desde la lejanía estática y profundamente irrelevante, puros semovientes desprovistos de cualquier humano interés. En cuanto a las gaviotas, resultaban vagamente decorativas siempre que no se pensase demasiado en que su única tarea en la vida era graznar desagradablemente y sobrevolar detritus, cadáveres y pozos negros.

Conocía muy bien la raíz de su mal humor, Emily había tenido que ausentarse unos días a resolver algunos negocios a la ciudad, pero eso para él nunca había representado el menor problema, siempre había presumido de autonomía y presencia de ánimo, amor a la soledad, tiempo para escribir, todas esas bagatelas de las que se suelen adornar los adultos y no obstante ahora se sentía tan perdido como quien ha extraviado sus gafas de leer, esas que se compran en cualquier farmacia y en ocasiones son lo único que precisamos para vivir con cierto confort, incluso con la mínima cuota de dignidad que se debe exigir a la providencia. No es que se mostrase irritado por conocer sus dependencias, simplemente lo estaba por su ausencia. Guardaba para sí su airosa imagen al partir, sandalias negras, abiertas y de tacón que dejaban al aire aquellos increíbles calcañares que gustaba de mordisquear sin prisa en la vida horizontal con la que se regalaban siempre que podían, también el recuerdo de su cuerpo desnudo, moviéndose ágil y cimbreante como el de una gacela a través de la casa, la manera en que disponía los trastos ante el espejo y comenzaba a maquillarse, su divina risa que le reconciliaba con el mundo, Emily, si, el espíritu mas libre que jamás había conocido, —ojalá todavía pueda quererme— se dijo, antes de regresar sin excesiva prisa a los malditos papeles.

Entrevista al catedrático de física y divulgador científico Jorge Mira en el nuevo número de la Revista Galega do Ensino-EDUGA.


Un nuevo número de la revista que dirigimos para la Consellería de Cultura y Educación de la Xunta de Galicia . En esta ocasión entrevistamos a Jorge Mira, ciencia, conocimiento, divulgación, Stephen  Hawking, la nada, Dios y mucho mas…

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