De incomodidades e indisposiciones


Panorama_of_La_Habana_(Amsterdam,_17th_century)

La incomodidad y sus razones, aquella maldita manera de mostrarse analítico sin ninguna necesidad, tal vez el pantalón demasiado estrecho que le oprimía inmisericorde la cintura, el sol tropical intuido mas allá de la sombra benefactora acompañada de ron refrescado con cicatería por el peor de los mesoneros de la Habana, la largura de un viaje que en realidad había deseado emprender casi con anhelo de insustancial mequetrefe desde hacía ya bastantes meses y que ahora se había tornado plano como de dique seco exento de industria y humedad. Un ser amurado a un malecón sintiendo incomodidad, qué diletante majadería. Estaban además aquellas caderas como de ensoñación lúbrica que, al pasar, tan mal casaban con el rendido amor que se debía a su incipiente matrimonio; incomodidad porque de nuevo se hallaba sumido en aquella especie de carrusel demente del que nunca había sabido como bajar.

 

 

 

 

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Una crítica de agradecer


Sartine y la guerra de los guaraníes

Visto en Linkedln, siempre se agradece:

Manuel Del Río Rodríguez has recommended your work as a Author of “Breve Historia de los Borbones españoles” and “Breve Historia de Napoleón” (2013) at Nowtilus ediciones.

»Juan Granados es un excelso novelista que consigue aunar dos extremos aparentemente imposibles: es a un tiempo entretenido, divertidísimo de leer, adictivo, y al mismo tiempo instructivo, entretenido, sabio. Detrás de sus novelas históricas se percibe, junto a la compleja tracería del artesano de la palabra, un amor y una pasión por el pasado que contagia a los lectores con facilidad. Reseñando libros tuve oportunidad de descubrir sus novelas de Sartine y su breve Historia de los Borbones Españoles, obras que recomiendo encarecidamente.»

Hablando sobre Sartine en la TV de Ferrol


Un largo y gustoso programa en la casa de Pepa Antón, junto a Luis Gorrochategui. Hablamos de Sartine, de Ferrol, de la constitución de 1812 y de lo que se fue terciando. Ahí les dejo el vídeo, el resto, hasta 6, continúan en YouTube.

“Cuando Nicolás Sartine encontró a Anne de Groot…”


Fragmento de la novela “Sartine y la guerra de los guaraníes” Edhasa, 2010. En la imagen, fuerte de Colonia del Sacramento (Uruguay)

Era casi un grog, pero allí a pesar de estar aderezado con una buena cantidad de limón, todavía le llamaban ron. Bendito licor que le permitía liberar el pensamiento de ataduras y malas conciencias. Luego supo que a las melancólicas canciones que iba desgranando con dulzura la rotunda holandesa del Bom Tesouro se les decía modinhas. Desde su mesa en la esquina, apoyado contra la húmeda pared de cascote, sostenido por el ron y el aroma de su larga pipa de espuma de mar, el intendente había alcanzado un estado similar a la felicidad sosegada que se experimenta cuando el mundo rueda en orden y a plena satisfacción. Acompañada por los sones de las mandolinas, la voz de la mesonera devenida en cantante arrastraba siseante la extraordinaria musicalidad del portugués con gracia y profundidad.

“Tu não te lembras da casinha
Pequenina
Onde o nosso amor nasceu”

Le dio por pensar, entonces, que tal vez debiera hacer algo por su vida, por su futuro. Escribir siquiera a María Falcón, que era deliciosa y le quería bien. Pero siempre encontraba una excusa u otra para no hacerlo, otro trago de ron le ayudó a poner en claro aquello. Reconocía el valor de la letra, su capacidad para provocar actos, sabía —se dijo— que la virtud de la buena literatura era, en primera instancia, la música, después, sólo después, venía el remover de conciencias y la explosión de los sentidos. Y aún así no era suficiente, todos caminamos urgidos por las metáforas y el trabajo de orfebre, manoseando las palabras sin caer en la cuenta de lo poco que importan; aquí prima la realidad, lo único trascendente es vivir, tocar, palpar, oler, sentir la materia en la que se construyen las cosas, mientras todavía tengamos tacto. Lo demás es describir sombras reflejadas sobre la caverna del tiempo, soñar pieles y paisajes, lo demás es humo, no es nada. La vida, siempre la vida sobre el papel y los conceptos —se repitió casi susurrando—. Sartine sabía muy bien que nunca cambiaría un verso perfecto por la paz de aquel cafetín frente al Tirreno a la puesta del sol, así, a la vera eminente de Catalina Lassaletta, cuando le había hablado tal vez para siempre. Claro que su amor perdido iba, afortunadamente, diluyéndose en su ánimo y en su recuerdo. Para ello nada mejor que comprobar cada día lo ancho que era el mundo y la infinidad de bondades que podía ofrecer, por ejemplo, aquella cantante holandesa, de piernas eternas y finos tobillos. Al fin, había regresado aquella noche sólo por contemplarla de nuevo. Tal vez era demasiada hembra, una mujer muy grande, pero qué demonios, él también lo era y aquella dama extraña y perdida en el fin del mundo poseía una mirada verdiazul, de pupilas casi trasparentes, decididamente embriagadora.

El Bom Tesouro se había quedado vacío de parroquianos, apenas se dio cuenta, la holandesa dejó de cantar casi súbitamente y se acodó en la barra sujetando un porongo de yerba que le aclarase la garganta. El intendente creyó que, desafortunadamente, era ya tiempo de apurar su último ron y marcharse; pero una agria discusión entre la tabernera y su patrón, le animó a prolongar un poco más su estancia por ver en que paraba aquello, o mucho se equivocaba o la discusión tenía algo que ver con su presencia allí, tal vez, sólo tal vez, la cantante había reparado en él, con su aspecto un punto inquietante, de lobo solitario al acecho de lo que el río revuelto le pudiese traer.

“Ven, él no es mi dueño”, le pareció entender que le decía en aquel exótico portugués suyo, mientras le tomó la mano con delicadeza para sacarlo de allí. Caminaron en silencio a través de las quedas calles de Colonia, Sartine quiso decirle algo, tan sólo unas palabras que pudiesen confirmarle que la deseaba, que justificasen su presencia allí, pero ella no parecía necesitarlas, le abrazó fuerte la cintura, apretó su mejilla contra el pecho del intendente y le indicó la entrada de una casita de adobe pintada de colorado. Más tarde, perdido en su pecho suave y generoso, abandonado ya a los sentidos, el intendente entonó las palabras que siempre surgían de sí de forma espontánea, como una plegaria o un motete mil veces repetido: “me has salvado la vida”, ella sonrió y le besó de nuevo en los labios.

Measure of the Earth, un nuevo libro de Larrie Ferreiro sobre los caballeros del punto fijo


El investigador norteamericano Larrie Ferreiro ha obtenido un nuevo éxito con su última publicación: “Measure of the Earth: The Enlightenment Expedition That Reshaped Our World”. Considerada como una de las mejores publicaciones científicas de 2011. El asunto nos toca bien de cerca, en aquella expedición Geodésica al Ecuador de La Condamine, participó activamente nuestro Jorge Juan. La cuestión no era baladí, como relatamos en nuestra novela “Sartine y el caballero del punto fijo” (2003):

  –Pues ya es casualidad y pequeño el mundo –decía en aquel momento el comisario ordenador–, fíjese ingeniero que yo desconocía del todo que fuerais vos el inspirador del trabajo de esos dos sabios, los caballeros del punto fijo, como les llamábamos en Guayaquil, cuando se acercaron desde Quito para echarnos una mano en las fortificaciones que construíamos en previsión del ataque de la escuadra de Anson.

–Oh, bueno…, tanto como inspirador no, lo único que hice fué recomendar su participación en la expedición que mandó La Condamine para medir un arco de meridiano en el Ecuador, ya que yo permanecía ocupado en otros asuntos en el Báltico. Pero, en efecto, creo que fué una excelente elección a juzgar por los resultados obtenidos y los que, sin duda, aún tienen que aportar.

– Tanto Ulloa como Jorge Juan eran ya excelentes guardiamarinas en Cádiz –intervino el intendente–, aunque en aquel tiempo yo ya salía y ellos acababan de llegar, tenían fama de ser gente sobresaliente, en especial Jorge Juan al que, por su facilidad con la geometría y la matemática, todos llamaban Euclides, me acuerdo bien de eso.

–Si, así es –corroboró Ábalos– y pese a ello, no existe nadie más discreto ni más humilde en el mundo. Jorge Juan siempre parece dispuesto a escuchar a todos, jamás corrige a nadie si su opinión no es requerida.

–Ja, ja…pues vos podríais tomar buena nota y aplicaros el cuento, señor sabelotodo –dijo O’Conry incapaz de refrenarse cuando se trataba de vejar al ingeniero. Ábalos se limitó a mirar al comisario ordenador por encima de las antiparras de Macanaz a la vez que se encogía de hombros y atendía a las preguntas del sueco, bastante intrigado por una conversación que sólo comprendía a medias.

–¿La Condamine?, sí, creo conocer que el francés demostrar la forma de…¿sandía?, ¿se dice así? –todos asintieron, admirando sus rápidos progresos con la lengua– de la tierra, que ahora aceptar el mundo como universal verdad –dijo Loefling, dando muestras de estar al cabo de las cosas.

–Oh…bueno, La Condamine poco podría demostrar por sí mismo –dijo el ingeniero–,  pues es sabido que es bastante incapaz, sin embargo, pese a las dificultades sin cuento que hallaron durante los diez largos años que duró su aventura, la expedición fué exitosa. En mi opinión porque La Condamine se supo acompañar de individuos competentes como Godin y Bouguer, además de nuestros jóvenes compatriotas. Y sí, el propósito esencial era averiguar a ciencia cierta quien tenía razón sobre la disputada forma de la tierra, si los que, como Cassini y en general los cartesianos, creían en una forma de melón, es decir, ahusada por los polos, o bien los que, como Mauperthius y todos los newtonianos, entre los que me encuentro, basándose en las variaciones en el comportamiento del péndulo sobre distintos puntos del globo y en que, ciertamente, los cuerpos parecen pesar un poco menos en el Ecuador, defendían esa forma de sandía de que habláis, o sea achatada por los polos, que se vino en demostrar finalmente.

Sartine entre “Las mejores novelas según los historiadores”


“Las mejores novelas según los historiadores” así titula el Magazine de fin de semana del diario El Mundo un ránking de ficción histórica en el que se ha incluído nuestro Sartine entre glorias de la narrativa de todo tiempo, desde El nombre de la rosa de Umberto Eco o El Gatopardo de Lampedusa al Ivanhoe de Walter Scott o el YO Claudio de Graves. Mejor compañía no se puede tener. Como digo siempre, estas cosas animan a seguir, si no estiviésemos más que animados ya. Desde este enlace pueden descargar el PDF con el artículo completo.

 

Entrevista sobre Sartine y la narrativa histórica con José Miguel Giráldez (Sartineando a conciencia)


Hoy me he topado por casualidad con esta entrevista que me había hecho hace más o menos un año el periodista José Miguel Giráldez con ocasión de la Semana Auria de narrativa histórica. La verdad, no es fácil dar con un entrevistador que te comprenda tan bien, creo que es de lo mejor que me han hecho, aquel día “sartineamos” a conciencia…

(Haga click sobre la imagen para acceder a la entrevista)

 

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