Consciencias


 

consciencias

 

Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.

Mario Benedetti

 

 

Conocía sus rutinas y cada uno de los detalles que las construían en el tiempo cotidiano del aliño. Antes de salir de casa, así fuese al colmado de la esquina a por pan y tabaco; también antes del reposo y del dormir. Le gustaba recrearse en una distante observación; la raya bajo cada ojo, el viejo pincelillo usado para alinear las cejas, aquellas muecas rutinarias ante el espejo, los pequeños círculos de crema blanca aplicada sobre las señales de la vida en el rostro, la charleta agradable que acarreaba todo aquello, la procesión de afeites y perfumes, el gesto de poner o sacar un pendiente; eterna y fascinante femineidad. ¿Cuántas veces habría repetido aquella estudiada usanza ante otros? ¿Repararían éstos siquiera en ello, aunque fuese tan solo una vez?  El amor ­–se dijo– tiene que ver con ciertas formas de consciencia.

 

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