Ausencias


maderas

Habré de levantar la vasta vida 
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde
.

Ausencia – Jorge Luis Borges

Leyó por casualidad “tardes que fueron nicho de tu imagen…”, el viejo Borges siempre pertinente, casi exacto y por veces esencial. Hay tardes así, dominadas por la memoria y contadas añoranzas, tardes pobladas por el desconcierto que causa la ausencia que se sabe inevitable. Y luego observar alrededor, la canícula implacable, tanto ser irrelevante para ti, la nadería de una hora tras la otra, el rumor de las conversaciones de niños a los que hay que entretener; esperar impaciente que venga el camarero, que traiga la comanda, luego el café y la cuenta y siempre tardando. Conducir al atardecer hacia lugares prescindibles que no deseas ni ver, ni pasear, ni guardar en la memoria. Si, la ausencia obligada es mala cosa, causa distimia y malas digestiones, arruga el alma, pudre los conceptos, exaspera malamente la existencia y luego nada, mañana…poco mas.

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