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“La inteligencia es una cualidad humana que no admite falsificaciones, y en cuanto tus ojos se habituaron al resplandor de su belleza, comprendiste que aquella mujer poseía talento, las mejores facultades mentales con que te habías encontrado.
Paul Auster. Diario de invierno

Días de urgencias y afanes. Semanas en las que parece que apenas sale el sol, cuando todos los seres impertinentes que pueblan la tierra parecen empeñados en visitarte, en incomodarte, en demandar que tu atención repare en cientos de asuntos banales, asuntos zafios, irrelevantes como sus trasmisores, fútiles como el gobierno; elementos contingentes de la vida de los que siempre podrías prescindir, cosas del mediano pasar y la monserga pestilente de cada día. Toda esa mierda que procura envolverte sin mesura ni piedad; esos sujetos que no saben qué hacer con su maldito tiempo y ocupan, inmisericordes, el tuyo. Y tu piensas, claro que lo piensas, aquello del maestro Calderón…sueño que en un estado mas lisonjero me vi…lo dices sin ansia ni rencor, solo con sana, vivificante, melancolía. Has llegado a una edad mas que madura, te sientes bien, con cierta razonable plenitud y anhelas su piel. Ruegas por que se te permita hallar el instante posible a su vera, en absoluta desnudez, con cien horas por delante y su olor, cálido, nítido y diferente embargándolo todo. Deseas que te hable durante largas horas, que te cuente de sus anhelos, de sus infiernos personales, de sus ansias de paz y placer. Deseas sentirla, olerla junto a ti y contemplar su belleza, desea sorprenderte con su éxtasis una y otra vez, deseas extenuarla, extenuaros juntos y volver a reír y volver a escuchar todo lo que tiene que contarte. Sabes que es imprescindible porque te habla como si lo hiciese para sí misma, sin reparo ni vergüenza, sabes que puedes amarla sin límite ni fin, sabes que la deseas, que la portas en tu espíritu aunque la hubieses besado toda la noche; nunca te colma ni te sacia; cada día sus ojos, a veces empañados por la misma vida, te recuerdan el valor de lo imprescindible; entonces sonríes para ti, chasqueas los labios quedamente y disfrutas de tu secreto en tanto el imbécil que viene de franquear tu puerta te increpa con saña mañanera y -genial conclusión-, te informa puntualmente de que el gobierno es inútil, romo y mas bien fragmentario; le das las gracias por alertarte de extremo tan relevante.

Una respuesta

  1. Me gusta, sobre todo porque parece escrito “a chorro”. Estructura cíclica, como casi siempre, y mucho contraste. Lenguaje coloquial para hablar de algo profundo: la vida básicamente es tiempo, tiempo para lo esencial y para lo contingente. Alternativas: quizá no tanto ataque frontal y más ironía -que la hay- ; alguna pausa más larga … Pero ya entraríamos en la gestión del tiempo … que varía hasta con la edad.

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