De círculos


Coffee

“En aquellas horas de amargura en que su vida se quebraba comprendió el valor del amor de una mujer. ¡Una mujer! sólo ella puede querer a un hombre pisoteado por botas de hierro. Allí está él, cubierto de escupitajos, y ella le lava los pies, le desenreda el pelo, acaricia sus ojos que se han vuelto apáticos. Cuanto más le han destruido el alma, cuanto más repugnante se ha convertido y más despreciable para el mundo, más querido es para ella. […] No todas las mujeres con las que te acuestas pueden ser tu mujer”.
Vasily Grossman: Vida y destino, parte tercera capítulo 44.

Emily abusaba en ocasiones del discurso circular, verbalizaba sus pensamientos y razones, los pros y contras de cada asunto, trazando eternas espirales de racionalidad en cadenciosa exposición. Analizaba una y otra vez cada aspecto del asunto sin hallar el acomodo perfecto para los conceptos; iba y venía a través de términos extraídos de no se sabía qué profundidades del intelecto sin encontrar apenas satisfacción. Le podían la intuición y el sentimiento, también la ira, la risa y la decepción; apenas resuelto un dilema encontraba mil razones para desechar la solución. Trepaba por el pensamiento como si discurriese por una cinta sin fin y, ya exhausta, tomaba lo menos malo con un gracioso mohín y apuraba el último sorbo de su café antes de llamar por teléfono al destino de sus diatribas. En algún momento del previsible proceso, Rooney Ledo procuraba mostrarse atento y asentir con la cabeza para que Emily lo fuese dejando buenamente en paz. Era entonces, poco mas o menos, cuando se permitía entornar los ojos y procuraba refugio en la escucha cadenciosa de su profundo tono de voz. Se sentía entonces transportado a la seguridad del útero materno, a la húmeda calma de la mujer esencial, a la paz inmensa que proporciona saberse en el lugar adecuado, junto a ella, a su vera y al socaire de la gélida cotidianeidad a la que había sido acostumbrado. Era entonces, poco mas o menos, cuando rogaba a la providencia que Emily continuase hablando un poco mas, que le hablase para siempre, que nadie, nunca, les interrumpiese jamás. No todas las mujeres con las que te acuestas pueden ser tu mujer.

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