Levedad


Marai

“Cuando era pequeña el padre le enseñó a jugar al ajedrez. Le había llamado la atención un movimiento que recibe el nombre de enroque: el jugador cambia en una sola jugada la posición de dos figuras: pone la torre junto al rey y desplaza al rey hacia la esquina, al lado del sitio que ocupaba la torre. Aquel movimiento le había gustado: el enemigo concentra todo su esfuerzo en amenazar al rey y éste de pronto desaparece ante sus ojos; se va a vivir a otra parte. Soñaba toda su vida con ese movimiento y soñaba con él tanto más cuanto más cansada estaba.

 Fragmento de “Inmortalidad”. Milan Kundera

 

La tenue luz de la tarde matizada por persianas de madera, el aparente descanso sobre el lecho y su sorprendente levedad sobre tu costado izquierdo. Ninguno de los dos habla, cada uno tras sus pensamientos que corren agazapados tras el lejano rumor de la calle. Ella no pesa, su melena desmadejada parece flotar ingrávida sobre tu hombro, escuchas con toda claridad vuestras respiraciones acompasadas a través de pieles desnudas y satisfechas, piensas, sabes, que la vida es un permanente experimento, que cada elección es única y no se puede comparar con otra que jamás vivirás, piensas también en su levedad infinita, tal vez esté formada de substancia inmaterial, cómo saberlo, pero el caso es que no pesa, nada en absoluto, pero conforta esencialmente el pasar de la tarde, de la vida, de todas las vidas que se te hubiese permitido vivir, aunque solo tienes una y su liviandad te embarga absolutamente.

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