E-learning


Manhattan

¿Has aprendido algo de mí? susurró Emily con voz entrecortada. Rooney Ledo contempló largamente su belleza y comenzó a recitar el rosario inabarcable que desde siempre le rondaba el ánimo, dijo -¿aprender? He aprendido lo que es una verdadera mujer, lo que es una verdadera madre, he aprendido a disfrutar de tu imagen en atavío de presunto deporte, como odias ponerte esas zapatillas y aquel chándal ochentero; aprendí de sinceridades y de ausencia de respetos humanos, aprendí de libertad, de desinhibición y de generosidad, aprendí de risas y falsos enfurruñamientos, aprendí de tu alegría y de formas cabales de razonar. Aprendí de tu inteligencia extraordinaria, de tu sabiduría y de tus miedos, esos que siempre he aspirado a enjugar; aprendí a amar sin recato, con furor y extravagancia, aprendí cómo se hace bien un trabajo, cómo se es un verdadero profesional cuando toca serlo, aprendí de tus habilidades y de tu música, de tu manera de abrazar y el modo en que me consuelas, aprendí a apreciar tu cocina y tu gusto exquisito en cada ocasión, aprendí de delicadeza y de pasión salvaje, desmedida, aprendí a embriagarme sin recato ni pudor y aprendí lo áspera e insalubre que regresa la vida fuera de ti y de tu amor transitable hasta el fin.

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