Deconstruyendo a Stendhal


“No tienes que representar ningún papel conmigo, Steve. No tienes que decir nada ni hacer nada. Sólo silba. ¿Sabes silbar, no? Juntas los labios y soplas”

Lauren Bacall a Bogart en Tener y no tener (To Have and Have Not)

Hoy, cosa de diletantes, te cuento de los desvanecimientos sufridos por Stendhal en  la Santa Croce de Florencia; cuando allí ante el monumento al Dante, contemplando la belleza que le rodeaba, temió perder el sentido. Algún psiquiatra aburrido le dijo luego síndrome al azoramiento momentáneo, bien de Stendhal, bien de Florencia, eso va en gustos. Y si, de paso que contemplo sin prisa el campanile que guarda amablemente nuestros secretos, observo, procurando que no repares en ello, ese encuadre de tu rostro acotado por el arranque de la ceja y la curva de tu pómulo. Allí lucen libres las aguamarinas con la intensidad y la largura que Sandro Botticelli imaginó una vez en la mirada inmortal de Simonetta Vespucci; concluyo que siendo el que suscribe un punto neoplatónico, no es difícil comprender a Stendhal, en absoluto, lo difícil ahora es convivir con este instante y continuar con todo lo demás como si en realidad importase cualquier cosa fuera de ti.

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Una respuesta

  1. Sublime encuadre que a cada cual ubica en su eterno femenino. Tormento que perfuma de nostalgia la rutina.
    Belleza.

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