Restos de serie


“Un impulso irresistible me arrastraba a verla de nuevo. Un instante, tan sólo un
instante, para grabar su imagen más profundamente en mi espíritu y después partir y soñar con ella toda la vida.”

Armando Palacio Valdés: “La alegría del capitán Ribot”

Usted no tiene porqué saberlo —me dijo esbozando media sonrisa—, pero llevo veinte años muerto, o al menos semimuerto, como viudo o como quien ha perdido las gafas de leer. Procuro que no se me note y lo hago muy bien, sólo de vez en cuando derramo un cierto hastío que los más cercanos son capaces de percibir, aunque ignoran por completo la causa de mi disgusto. El resto del tiempo represento muy bien el papel de vivo, excelentemente diría yo, produciendo con orden y a plena satisfacción, atendiendo a unos y a otros, celosamente aplicado a mis afanes sin cuento; incluso se dice que poseo un carácter afable y despreocupado, claro que de eso se trata.

Y ahora, si me dispensa, debo retirarme a la alcoba para vestirme de bonito y salir a aguardar el nuevo año con el decoro que requiere.

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