Brooklyn Nest


Leon Paley consultó de nuevo la hora en su viejo e infalible Chopard de manecillas azules, en ocasiones se preguntaba por qué seguía confiando en aquel voluminoso diablo de tan solo veinticuatro horas de autonomía, le habían dicho que había sido fabricado en 1963 por Paul André, el nieto del primer Chopard; siempre podría venderlo a buen precio a cualquier estúpido que se las diese de coleccionista, pero Leon Paley presumía de mantener ciertos principios, no vender jamás su Chopard era uno de ellos. Las 8 y 12 minutos, tenía tiempo aún, en realidad tenía todo el tiempo del mundo ahora que ya nadie parecía necesitarle, pero Leon seguía imponiéndose ciertos horarios, algo le decía en su interior que no tener horarios atrae la desgracia —la muerte busca con saña la ociosidad—, se decía a menudo frente al espejo, a la vez que se afeitaba exactamente a las 7,30 cada mañana. Pensó que ya que caminaba a buen paso por la Séptima Avenida en dirección a la entrada principal de Prospect Park donde se encontraba la principal sucursal de la Brooklyn Public Library, bien estaría voltear la siguiente esquina y caminar un rato por la calle Lincoln hasta el número 169, donde podría adquirir uno de aquellos increíbles bollos calientes en Fait’s. No eran precisamente Donuts, sino auténticas rosquillas rellenas de una crema que era más chantillí que pastelera. Una verdadera delicia que a su edad no debería permitirse, como los habanos o el vermouth de barrica que pensaba tomarse a mediodía, pero Leon Pasley no comprendía muy bien todo aquel catecismo de los guardianes de la salud, él sólo se sentía mal cuando prescindía de aquellas cosas, ya se había visto separado de demasiadas costumbres, Emily había sido la última, la sola idea de alterar uno más de aquellos pequeños actos diarios le incomodaba profundamente.

Emily, si, no le guardaba ningún rencor, le parecía que los organismos humanos, los tan ponderados dueños de la creación, no se diferenciaban tanto de cualquier otro ser vivo, —los ciclos— se decía, las plantas se ven sometidas a ciclos, nacen, crecen, se desarrollan, tienden a procrear, degeneran y mueren. Sólo unas cuantas flores en el largo trayecto recuerdan que quizás su historia particular había valido la pena, todavía le parecía que Emily le había amado alguna vez, pero nunca tuvo certeza de aquello, hacía ya tanto tiempo que apenas se acordaba.

Mientras retiraba de las comisuras de sus labios los últimos restos del delicioso chantillí de Fait´s, buscó en las profundidades de su abrigo la última lista de tareas para el semestre, debía encontrar algún asunto de los  que apasionan allá en el circunspecto bar de los confusos, dónde se hacen las grandes preguntas, si la humanidad camina hacia la esperanza o malvive en el territorio del hipotálamo primigenio, condicionada por milenios de errática selección natural, ocupada en formar depredadores naturalmente egoístas, antes que seres imbuidos de una cierta misericordia y espíritu de humanizada cooperación. En otras palabras, ¿caminamos hacia el hombre nuevo o transitamos en la nada del determinismo genético? Sobre esto  iba creyendo que, a pesar de lo que todos tenemos bien presente, nunca tiempos pasados han sido mejores, de eso estaba bien seguro, ¿qué vendrá luego? Esperaba que una cierta convergencia de las redes humanas hacia formas razonables de producción y convivencia, pero —se dijo— llevará tiempo. En la lista estaba también Claudio Rodríguez; aquel fragmento de poema, Nest of lovers, desgraciadamente el libro no lo traía completo, pero el breve segmento de entrañable sinceridad que llevaba hoy consigo se lo había aprendido de memoria:

 Y yo te veo porque yo te quiero.
Es el amor que no tiene sentido.
Alza tu cara ahora a medio viento
con transparencia y sin destino en torno
a la promesa de la primavera,
los manzanos con júbilo en tu cuerpo
que es armonía y es felicidad,
con la tersura de la timidez
cuando se hace de noche y crece el cielo
y el mar se va y no vuelve
cuando ahora vivo la alegría nueva,
muy lejos del recuerdo, el dolor solo,
la verdad del amor que es tuyo y mío.

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