“Vendrá la muerte y dirá mi nombre”, una novela de Luis R. Cao


ABC-Galicia 16/01/12

“Ahora contemplo nuestras caras severas y constato con dolor que no hubo hombres libres entre nosotros” de Vendrá la muerte y dirá mi nombre. Luis Rodríguez Cao, zarabanda edicións.
Hay a quien asegurar que la cultura gallega padece cierto ensimismamiento la ha costado algún que otro disgusto. No obstante, parece evidente que algo de eso hay, lo ha habido siempre, aquí, por un  tradicionalismo mal entendido  o por simple pereza intelectual, nos debatimos entre la vanguardia apenas intuida y el enxebrismo galopante que aflora a la menor oportunidad. Pero ahora el panorama resulta objetivamente peor, nos encontramos bien lejos de aquel bullente mosaico intelectual de la generación NÓS, de la fuerza creativa de Os Novos, del entusiasmo, en fin, del laboratorio de formas de Sargadelos, cuando el recientemente fallecido Isaac Díaz Pardo y Luis Seoane trabajaban generosamente, codo con codo y en plena dictadura, en la defensa de ideas hermosas e innovadoras. Tampoco estamos, desde luego, en aquellos tiempos de creatividad desbordada, cuando, por mantenerse al cabo de las cosas del mundo, Don Vicente Risco se hacía enviar periódicamente a su domicilio revistas tan raras y especializadas como las parisinas Literatture, órgano de expresión del arte negro, Nord-Sud, su homóloga cubista o Dadá 391.
Es por esto que la salida al mercado de la última novela de Luis Rodríguez Cao (Lugo, 1957) supone un halito de esperanza en medio del gris marengo de nuestra cosa cultural. “Vendrá la muerte y dirá mi nombre” es, diríase que por fin, texto intemporal, desubicado, pura y total literatura, 112 páginas que le dejan a uno arrasado y sin aliento, confuso ante lo absurdo de un destino no elegido, cuyo dolor ni siquiera la música más sublime puede paliar. Ya sabrán que Luis no es precisamente novel en el asunto literario, dos obras teatrales y cuatro de narrativa señalan una trayectoria sólida y fértil que, en mi opinión, apuntaba con claridad a presentar más pronto que tarde una obra tan redonda como la que hoy tenemos entre las manos.
Desde su conocimiento de las esencias humanas como músico y especialista en sobredotación de los servicios de la Xunta de Galicia, Luis R. Cao nos recuerda a todos y a nadie, por momentos encontramos en su obra trazas infinitesimales de “Viajes por el Scriptorium” —el Paul Auster más inquietante—, en otros, la decadente elegancia de Sándor Márai, ya saben, esas frases eternas de “El último encuentro”: “Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere” o “La realidad no es lo mismo que la verdad, la realidad son sólo detalles…”. Si, ciertamente, Luis es nuestro Márai, un espíritu casi centroeuropeo, embutido en una arquitectura gallega y bien gallega, justo lo que, tal vez, estábamos necesitando, no deben perdérselo.

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