“Años antes habíamos ido al cine, ponían a bout de soufflé”


“Años antes habíamos ido a ver A bout de soufflé, ella había disfrutado mucho con Jean Seberg pregonando: ¡New York Herald Tribune! por los Campos Elíseos, ante aquel desastre de Jean Paul y todo lo demás, la Seberg barruntaba haber hallado en París la libertad que no tenía en los Estados Unidos, una suerte zafia de libertad, entregada a un mangante pobre de espíritu y esto me llamó la atención, y antes a Césare Pavese, que dejó dicho aquello tan cierto: “Una mujer que no sea una estúpida, antes o después, encuentra una ruina humana y trata de salvarla. Alguna vez lo consigue. Pero una mujer que no sea una estúpida, antes o después encuentra un hombre sano y lo reduce a escombros.” . Reparó entonces en mi escaso aprecio por la Nouvelle vague en general y por Jean-Luc Godard en particular, que hacía repetir absurdamente a Belmondo aquella estupidez de “Velasqués, Velasqués” a cada paso, ¿qué demonios sabría Godard de Diego de Silva Velázquez? Roña intelectual era aquello, no obstante, pregonarlo tenía su castigo, de ese modo, cuando aún era un semoviente con cierto peso específico y donaire discursivo, ocurrió que alcancé fama de desapegado por la cultura obligatoria, un crimen horrible, situado sólo un punto por debajo de otros notorios como no suscribir la lucha de clases, o suscribirla a medias o con poco entusiasmo. Un desconsiderado partidario del cine yanquee tenía entonces los días de dicha contados, casi lo intuí, pero me daba igual o casi lo mismo, entonces podía comerme el mundo de una sentada sin el menor asomo de duda. Pero ella reparó en ello y de eso se trata, podría perdonar muchas cosas, pero el desprecio a Godard no entraba en su concepto inconsciente de la tolerancia, puede que menos aún del amor o siquiera de la tímida apetencia sexual.  El daño quedó hecho aquel día del espectador, era cuestión de tiempo que el andamiaje se desmoronase como los castillos de arena a nada que sube la marea, yo sabía entonces, aún ahora que duele caminar y barrunto la muerte, después de todo lo sé, que aparecería la venganza antes o después, las ruinas humanas siempre están ahí, al acecho de una mala oportunidad que se les brinde, algunas de estas damas singulares gustan de contemplarlos, de cuidarlos y darles cuartelillo, aun afirmando sus preclaras manifestaciones: “como Luis Alberto dice…” este Luis Alberto es siempre Luis Alberto y nunca Luis, a los Luis Albertos de este mundo les va muy bien afirmando que adoran a Godard y también la música barroca, aunque la conozcan sólo tangencialmente a través de alguna suerte de clásicos populares que conservan en una cassette añeja de kiosco, es decir, las cuatro estaciones, sin duda la water music de Händel, claro que el Canon de Pachelbel, tal vez, sí seguro, el Air de Juan Sebastian Bach y puede que el Te Deum Pour Solo, Choeur et Orchestre en Re de Marc-Antoine Charpentier, aunque casi nadie por entonces asociaba al compositor francés con el himno de Eurovisión.”

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Una respuesta

  1. Pues mire que no me canso….

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