Baie D’Along


“Y se cuenta, ciertamente, una leyenda, según la cual los que busquen la mitad de sí mismos son los que están enamorados, pero, según mi propia teoría, el amor no lo es ni de una mitad ni de un todo, a no ser que sea, amigo mío, realmente bueno, ya que los hombres están dispuestos a amputarse sus propios pies y manos, si les parece que esas partes de sí mismos son malas. Pues no es, creo yo, a lo suyo propio a lo que cada cual se aferra, excepto si se identifica lo bueno con lo particular y propio de uno mismo y lo malo, en cambio, con lo ajeno. Así que, en verdad, lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien. ¿O a ti te parece que aman otra cosa?”

Platón. El Banquete.

 

El calor húmedo no me impide hablar y hablar, mientras tú, recostada sobre los codos, contemplas indolente esos extraños montes picudos. Sonríes, te gusta escucharme, aunque no necesariamente prestas atención, tampoco yo la demando. Te hablo de Platón, de ciertas sinergias vitales, de los prodigios de la serotonina, de sinapsis neuronales. Asientes y bebes un poco más del maldito cabernet asiático, el trópico no es lugar para el vino, pero lo trasegamos igual, sin prisa alguna, frío tiene un pase. Te cuento de mis estúpidos anhelos vitales, concluyo que casi nada importa, fuera del hilo del entendimiento cómplice no hay vida ni esperanza; en ocasiones, la belleza aburre mortalmente. Sonríes, tiene mucha gracia que eso te lo cuente semejante Cromagnon, con una trayectoria vital sólo un punto por debajo de la de un tahúr del Misisipi.  Y no obstante, al anochecer, me besas quedamente y pasas tu brazo por mi cintura, días así, maldita sea, no deberían terminarse jamás.

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