Entrevista a Mariana Sepúlveda


Mariana Seoúlveda

Autora de Farsándula, Mariana Sepúlveda nos habla del oficio de escribir

—Querida Mariana, Farsándula es una novela que habla de dignidad y del valor de la experiencia. ¿Qué te llevó a plantearte esa temática?

Querido Juan: La dignidad es la corona del alma humana. Es la luz que destella a causa del respeto por nosotros mismos y por nuestra esencia, como seres únicos e irrepetibles. Lamentablemente, debido al acelerado avance tecnológico, la humanidad está compitiendo con las máquinas, pero hemos olvidado que las máquinas no tienen alma. Por esta razón, nos hemos vuelto más impersonales, más fríos, más calculadores. El ser humano ya no camina por la vida, corre apresurado para alcanzar las metas trazadas por su espíritu ambicioso, materialista y desorientado. Aplaudo el nacimiento del computador, pero creo que tiene demasiadas cosas resueltas para las futuras generaciones.  En el caso de la televisión, también celebro su llegada, pero considero que se  ha ido apartando paulatinamente de su objetivo central: el de enseñar, educar y entretener sanamente. Estos dos colosos tecnológicos, se han instalado como los emperadores de nuestro milenio, dictando normas conductuales bipolares, que hablan por un lado de destruir a nuestros semejantes con una palabra descalificadora y por otro lado de enaltecer el vacío interior, mediante la desmesurada importancia del “parecer” por sobre el “ser”. Estos son los requisitos básicos en la actualidad para firmar  contrato indefinido con el “éxito” y con el “poder”.  El postulado base de Farsándula es: “Todo lo que toca la luz, genera su propia sombra. El problema surge cuando esa sombra sobrepasa los límites delineados por la luz. Entonces, nace una farsa”. En base a ese postulado, podemos apreciar que la sombra está avanzando y está destruyendo el principio básico del respeto humano. Es por esto que la dignidad humana en mi novela tiene un rol fundamental. Este libro no sólo pretende entretener, sino también invitar a la reflexión.  Mi sueño es aportar ideas para contribuir a un cambio de actitud, para iniciar el retorno hacia una especie más humana, que haga de este planeta un lugar en el que valga la pena vivir.

Respecto al valor de la experiencia, creo que es la única ventaja que tenemos con respecto a las máquinas. El alma humana no es desechable, un disco duro,  sí lo es. Cuando un computador o cuando un televisor se deteriora, rápidamente es reemplazado por otro equipo sujeto a mejor tecnología. Cuando un personaje público se deteriora, también está siendo desechable. Creo que estamos en un grave error, porque cuando una persona aprende a enfrentarse a sus emociones, cuando aprende de sus errores, no tiene competencia. La sabiduría no es un acierto de los cables, es un triunfo del espíritu humano. Cuando alguien hace uso de la experiencia y además de su talento, está preparado para ser  parte integral de la belleza que la humanidad necesita para reforestarse interiormente.  Moira Tomson, en mi novela, es una mujer que comprende el valor de la experiencia y se encamina a introducirla como un revolucionario concepto de belleza integral.

—    ¿Escribir para vivir o vivir para escribir? , háblanos de las raíces de tu oficio, ¿Cuándo supiste que eras escritora?

Ambas frases me representan. La primera: “escribir para vivir” está ligada a  mi lógica necesidad de subsistencia. Soy madre de tres hijos y además jefe de hogar. Por ello, escojo temas que son comercialmente viables y, como consecuencia de ello, pueden constituir una sólida  fuente de ingresos económicos para mi familia. Lo anterior no deduce renunciar a mi esencia de escritora, porque los temas seleccionados primero dialogan profundamente con mi espíritu. La segunda frase: “vivir para escribir” es la que mi alma prefiere. No imagino la vida sin una pluma entre mis dedos. Escribir es la única urgencia interior que identifico.

Respecto a la raíz de mi oficio, creo que ella comenzó a gestarse cuando aprendí a leer.  Soy hija de una gran profesora de Español y de un brillante Matemático y Abogado de renombre en este país. En mi casa no recuerdo rincón que no estuviera empapelado por un libro escrito por algún gran pensador de la historia universal. Mi padre me incentivó siempre a nutrir mi espíritu con la palabra de los grandes maestros de la literatura.. Por su parte, mi madre siempre se encargó de llenar mi biblioteca infantil con los legendarios cuentos que entrenaron mi imaginación. Cuando era niña me costaba trabajo desconectarme de aquellos libros. Me atrevería a decir que durante mi infancia viví dentro de un castillo de papel, no me sentía parte del cemento. Frente al espejo, solía dialogar con la princesa encantada que estaba del otro lado. Más tarde, ingresé al mundo de la literatura universal y el  acto de leer las obras de los grandes autores y pensadores, se convirtió en una pasión desenfrenada. Cada vez que me topaba con alguna frase profunda, inherente al espíritu humano, cerraba el libro y la analizaba desde distintos puntos de vista. Cuando leí  “El Quijote de La Mancha” y rendí el examen más importante del penúltimo año escolar, obtuve la máxima calificación del colegio. Llené 8 carillas desarrollando el tema de la fantasía de Don Quijote. Tuvieron que quitarme la hoja, porque las ideas no cesaban de fluir.  Aún recuerdo el día en que la profesora de literatura me entregó la prueba. Ella me dijo: “no quiero morir sin ver una novela publicada por ti”. Entonces comprendí que detrás de esa niña soñadora, respiraba la figura de una escritora. Cabe destacar que desde siempre me he sentido atraída por los misterios que cercan a la vida humana, incluyo el universo y su fascinante tesoro de enigmas. La curiosidad jamás me ha dejado en paz. Uno de mis grandes amigos, ahora fallecido, el Dr. Jorge Armas, quien publicó varios libros sobre cómo convivir con la Diabetes, fue mi compañero de excursión en el maravilloso mundo de la duda sideral. Junto a él, pude poner en marcha las mil teorías imaginarias respecto a los fenómenos naturales que acechan a este planeta. Somos tan pequeños, pero tan grandes a la vez. Por eso, no entiendo al segundo que cae al vacío. Porque aún en el silencio, ese segundo puede alcanzar algún sentido.

—La vieja dicotomía entre fondo y forma, ¿por cuál te decantas? ¿Por los “escritores” borgianos o por los “escribidores” tan caros a Vargas Llosa?

Muchas veces me he preguntado a qué estilo pertenezco. La respuesta aún no la tengo y no sé si quiero encontrarla. Simplemente escribo para vaciarme cuando mi alma está inquieta. Creo que todo aquel que se arriesga a escribir para la humanidad, tiene algunos inviernos escondidos en los bolsillos y algunas primaveras flotando en los ojos. Aún si tuviera que dar una respuesta certera, me quedaría callada. El “escribidor” es tan necesario como el “escritor”. Tal vez yo sea una combinación de ambos. Tal vez no…

—    ¿Dónde señalarías tus influencias? ¿Qué autores te han marcado de alguna manera?

Definitivamente mis influencias están ancladas a mi escenario infantil,   específicamente en el tiempo que compartí con mi padre. Él y yo éramos un buen equipo creativo. Cuando él murió, me propuse seguir hilvanando sus ideas, complementarlas con las propias y perfeccionarlas a bordo del pensamiento de los grandes literatos que ha gestado la humanidad.  Con el tiempo, ingresé a un taller literario que reúne todas las características de una Escuela Integral. Tengo una maestra brasilera, Flavia Alvares, que maneja la poesía como al aire. Ella siempre ha confiado en mi talento y me ha incentivado de muchas formas a seguir las instrucciones de mi espíritu de escritora. Respecto a la influencia literaria, reconozco una afinidad con la poesía contemporánea. Varios poetas me han rozado el alma con su genialidad. Entre ellos destaco a Pablo Neruda, dueño de una simpleza cautivadora y de una tristeza fascinante. Me encanta la prosa poética, me seduce la filosofía y la narrativa me captura. Me gusta todo, todo lo que provoca a mi pluma. Entre los múltiples autores que me han marcado, puedo destacar a:

José Ortega y Gasset (La Rebelión de las masas)

Miguel de Cervantes (El Quijote de La Mancha)

Jerzy Kosinski (Desde El Jardín)… me fascinó.

Herman Melville (Moby Dick)

Eduardo Galeano (100 Relatos Breves)

Pablo Neruda (Todo)

—    ¿Cómo ves el panaroma literario actual? ¿qué te interesa más?

Por las razones ya señaladas, creo que las futuras generaciones se  enfrentando a un mundo diferente, con todo resuelto. Las máquinas están cercenando la pasión por aprender. Todo viene listo, en sofisticados programas computacionales. La magia de sentir cómo cruje el papel entre los dedos, está muriendo. Ahora, la pantalla entrega la información en forma inmediata. La duda, ahora es certeza. Aún así, creo en la capacidad y en la toma de conciencia del ser humano por rescatar su imaginación. El hombre actual puede alcanzar el éxito material y con ello satisfacer su ego, pero también deberá enfrentar el cuestionamiento de quien viene detrás, su descendencia.   Por ello, estoy segura que podemos iniciar un viraje hacia el lugar donde descansa la creatividad. Sólo debemos trabajar duramente para que ello sea una positiva realidad en un futuro cercano. En lo personal, estoy encargada de fomentar la imaginación en un establecimiento educacional de mi ciudad, asistiendo voluntariamente en forma periódica a contar cuentos de mi autoría a los niños más pequeños. El resultado ha sido espectacular. He hecho un público llamado a las autoridades de mi país, para que diseñen políticas destinadas a fomentar esta materia. Lo que más me interesa es dejar una huella en la arena, para mis hijos y para las generaciones futuras. El computador debe entender que nosotros llegamos primero a este lugar redondo. Somos los dueños de casa y sólo lo invitamos a colaborar, no a despojarnos de todo aquello que nos pertenece.

—¿Cómo va Farsándula? Por aquí creemos que tendrá una larga vida…

Farsándula está caminando lento, pero en forma segura. Es una niña en pañales aún. Tengo mucha fe en que sus pasos serán firmes y que algún día podré verla arriba de un balcón, saludando sonriente a la multitud.

— ¿Podrías adelantarnos nuevos proyectos?

Actualmente estoy trabajando en una novela que identifica a “La Mar” como ente materno de la humanidad. Es el viaje en tren de un personaje que va tras la búsqueda de “su niño interior” que en algún pasaje de su vida se quedó atrapado emocionalmente.  Está ambientada en los años 70 y tiene una extraña forma de combinar las épocas pasadas con los tiempos presentes. Me estoy deleitando con su desarrollo porque me resulta emotivo y a la vez me hace reflexionar. Cualquier lector se podría sentir identificado con este singular “viaje”.Además, estoy terminando mi primer libro de poemas.

Cuando termine los proyectos arriba señalados, me abocaré a finalizar una novela de corte misterioso. Este libro narra la desesperanza de un personaje que ve truncado todos sus sueños a causa de una sombra que vive detrás de su computador.

Otro libro que está en lista de espera es el que he  diseñado para impedir el aborto. Esta novela no juzga a quien ha vivido esta experiencia, sólo encamina sus esfuerzos para rescatar el valor de la vida humana.  Podría ser un gran aporte social.

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Una respuesta

  1. Gracias por compartirlo Juan.

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