La Utopía en América o América como Utopía. Artículo en la revista Crítica.


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Revista Crítica via kwout

En el último número de la revista Crítica dedicado a la Utopía, mi artículo: “Del paraíso perdido a la Jerusalén celestial: América como utopía”.
Ahí contamos cosas como estas: “La relación directa de la Utopía de Tomás Moro, publicada como se sabe en 1516, con la obra panegirista de Cristóbal Colón y los primeros cronistas de Indias, ubicando aquella isla de paz y armonía en el Nuevo Mundo, resulta innegable. Lo mismo que sería imposible entender la redacción de “La ciudad del Sol” de Tommaso Campanella sin la lectura previa de la vigorosa y reivindicativa obra de Fray Bartolomé de las Casas en su “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”. Donde, por cierto, su visión idílica del noble salvaje sirve para explicar el enorme “pecado” que supuso la conquista y colonización de aquel paraíso por hombres procedentes de un mundo viejo, agostado y corrupto. Las densas memorias de aquella legión de grandes cronistas enviados a las Indias como Fernández de Oviedo o Bernal Díaz del Castillo sirvieron para fijar una idea muchas veces anhelada que con el andar del tiempo fue desmontándose como un castillo de naipes devorada por la terca realidad de las cosas. Pero no en todos los casos, pues América fue también utopía dentro de la utopía, tal vez la mayor experiencia utópica de la historia de la humanidad tuvo lugar en aquella tierra de promisión, primero con el episodio de los “hospitales-pueblo” de Vasco de Quiroga, verdadero remedo de la utopía moreana y mas tarde y sobre todo con la extraordinaria empresa llevada a cabo por los jesuitas en las reducciones del Paraguay.”

“Breve Historia de la Utopía” un libro de Rafael Herrera


Utoía

Rafael Herrera, profesor de filosofía en la UNED, polígrafo en mil frentes, claro varón como me gusta llamarle, ha dado a la imprenta recientemente una extraordinaria “Breve Historia de la Utopía”, Nowtilus, 2013, que, como cabía esperar, va camino de convertirse en referente obligado para todos aquellos que se interesen por un fenómeno, el anhelo de una existencia mejor y mas justa, que es tan antiguo como el ser humano.
Así, la Edad de Oro, la Utopía, avant la lettre, previa a la invención del término por Tomás Moro en tiempos bien difíciles para su propia salud, tenía mucho que ver con ciertas consciencias y ciertos deseos presentes en las sociedades de la antigüedad clásica. El paraíso perdido, mito y lugar común en el pensamiento de casi cualquier civilización, invocaba tiempos mas felices vividos por los antepasados, cuando los seres humanos se mostraban mansos y apacibles, la naturaleza generosa y exuberante, los bienes inacabables y el ocio presidía la vida de aquellas felices poblaciones de ancestros. El anhelo de Hesíodo de la edad dorada, tan semejante si se quiere al Paraíso Terrenal de raíz semítica o judeo-cristiana, la felicidad de los mundos imaginados por Platón; todo ello apuntaba a la preexistencia de un orbe armónico echado a perder por la corrupción humana y la codiciosa perversión de sus gobiernos.
De este modo, utópicos y visionarios siempre los ha habido, algunos como Platón, Plutarco o Tomás Moro, de enjundia y fundamento, otros, como Tomasso Campanella, de más bien romos conceptos, dueños de disparates dialécticos y concepciones de las sociedades humanas tendentes a la uniformidad de colmena. Locuras, al fin, de presuntos salvadores de la humanidad, cuando vamos creyendo que lo que la humanidad necesita es que se le vaya dejando buenamente en paz en la medida de lo posible.
Nadie es feliz a la fuerza, tengo para mí que los humanos somos demasiado complejos para aceptar ciertas bagatelas de monaguillo aplicado. Rabelais, Voltaire, Aldous Huxley, George Orwell, utopófobos convencidos, ya nos previnieron suficientemente del peligro que representan estos individuos que, creyéndose el Mesías, prefieren que finalmente y puestos a escoger, sean otros los crucificados.

Decía Montaigne…


Andromeda, Madame Lempicka

“Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.”

Montaigne

Decía Michel de Montaigne cosa parecida a aquello de que a nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa; Rooney Ledo, a pesar de saber como ya sabía que hay seres especialmente dotados para concitar el fracaso, no compartía completamente la sentencia, puede que cada quien porte su propio infierno, pero en esto no hay que equivocarse –se dijo– en punto de desgracia, bien lo sabía Sartre, el verdadero infierno son los demás.
Fuera de ello o tal vez por lo mismo, quien no se reinventa cada día, quien no se construye cada mañana, quien no recapitula a cada atardecer, quien no provee para sí a cada paso, ha de fiarlo todo al cruel capricho de la voluntad ajena. Ruina vital y fatuo negocio permanecer al albur de lo que otros quieran proveer, pequeños tiranos beneficiados por la fortuna que siembran la desgracia, condenan a la espera y encadenan almas como aquellos insolentes funcionarios de Larra, maestros del énfasis y la palabra engolada: “remató mi jornada, vuelva usted mañana o mejor…nunca”.
Rooney Ledo chasqueó con desgana los labios, le echó el ojo al penúltimo café y musitó quedamente para sí: “peste de mundo, atestado de miserables”. Luego tomó cabe si la libreta de los afanes y se dispuso a redactar la enésima lista de tareas para el trimestre, ocupación verdaderamente balsámica si se miraba despacio y con la necesaria distancia de las cosas.

“Dos veces bueno, breviario de aforismos y apuntamientos” de Fernando R. Genovés


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“Los seres humanos no somos esencialmente débiles, pero sí natural¬mente frágiles. La debilidad es un desfallecimiento, un comenzar a mo¬rir, una negación de la vitalidad. La fragilidad denota, en cambio, tanto calidad y valor cuanto delicadeza; señala lo quebradizo, pero apunta también a la exquisitez y a la excelencia. Somos, pues, sustancialmente delicados, seres que hay que tratar con cuidado, más que proteger.”
Fernando R. Genovés en “Dos veces bueno”

Suelo comentar a menudo que las lecturas de algunos admirados amigos me producen la extraña sensación de que en alguna otra y venturosa vida me he criado junto a ellos, o hemos compartido colegio, cátedra o Dios sabe qué. El caso es que cuando esto ocurre me siento mas cercano a ellos que a aquellos con los que en realidad he compartido mi suerte de infante. Serán filias, lecturas y sensibilidades comunes, será simple complicidad intelectual, pero el caso es que cuando esto ocurre la lectura se vuelve manjar y disfrute para los sentidos.
No es necesario ocultar aquí que con Fernando R. Genovés, el hombre que jamás olvida su sombrero, me ocurre exactamente esto cada vez que me asomo curioso y esperanzado a su última producción. Así que comprenderán que es para mí un un verdadero placer hablar hoy aquí de “Dos veces bueno, breviario de aforismos y apuntamientos” (Evohé 2014), una obra compuesta de literaturas breves que caminan desde el aforismo al cuento o la simple, o no tan simple, reflexión. Una suerte de colección de apuntes de “Moleskine” ciertamente inspirada, madura, sabia y deliciosa.

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Genovés no oculta aquí sus querencias y referentes, que naturalmente, son en muchos casos también míos. Michel de Montaigne, faltaría mas, el primero de ellos; aunque tengo para mí que el viejo Marco Aurelio no andaba muy lejos a la hora de concitar ciertas afirmaciones y certezas.
“Dos veces bueno” es un libro esencialmente erudito, fruto de lecturas intensas y de reflexiones sin urgencias, espejo evidente de un enorme poso intelectual aupado al éxito por un finísimo sentido del humor marca de la casa, que hacen de su lectura, mas en tiempos de holganza y canícula, una experiencia realmente agradable, donde la risa acompaña a la reflexión y a ciertas recapitulaciones vitales que no vienen nada mal alcanzada la edad madura. Harán mal en perdérselo, porque es libro de mesilla, de leer a ratos, de disfrutar a cualquier hora y, sustancialmente, de provecho.

At de back of my head


Kiss me

“La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante.”

Cesare Pavese

 

Suplicarle a la historia que se avenga a tus anhelos, sin conocerlos cambiantes, casi fútiles y al final irrelevantes; no hay que esforzarse en eso, tal vez merezca mas la pena construir sobre las cenizas de cada incendio que nos atañe a tiempo casi medido, trienios, lustros, décadas, lo que ocurra cuando deba ocurrir, que siempre ocurrirá y a partir de ahí, lo sabido, apuntalar ruinas, adecentar la casa, vestirse casi adecuadamente y sin mucha prisa, asear el cuerpo y el alma, buscar algún elemento novedoso que engalane una discreta estantería, recuperar un viejo cuadro, releer a Pavese, comer algo caliente, beber un vino que merezca tal nombre…tanto que hacer para sosegar el inicio de cada comienzo que es el tuyo y el de algunos otros mas, cada vez, sobre toda contingencia, vivir no es cosa distinta a la invención permanente de lo cotidiano, mañana no existe.

 

Libertas


libertad

“… es un hecho comprobado que el pueblo ha logrado cambiar muchas veces de tirano, más nunca suprimirlo;…”
Baruch Spinoza

La realidad, siempre fragmentaria, siempre mal juzgada por visiones particulares que socaban el prisma de la libertad ajena. Vivimos, pues, en permanente asomo al caos de los malos diagnósticos y las malas definiciones, en el interinaje del pensamiento erróneo, hijo de mil pulsiones y anhelos y hasta de la primera leche de la madre que te ha tocado. ¿Qué puede colegirse de pensamientos inducidos? Y aún así se nos habla de libertad. Es casi cómico, La libertad es tan estrecha como lo sea tu cartera y el magín arrugado por dentro que te haya tocado en suerte.

Podcast de la entrevista sobre Napoleón en SER Historia, con Nacho Ares


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