Épica presentación

Jose Mar�a Peáez

Mañana, jueves 26 de junio, se presentará en la librería Arenas de A Coruña el último libro del profesor José María Peláez. “Héroes en el Olvido” es una hermosa novela histórica que refleja con sensibilidad y conocimiento los tiempos de la insurgencia gallega contra Napoleón. Allí estaremos acompañando al autor mi buen amigo el coronel-director del museo militar, José Navas Ramírez-Cruzado y el que suscribe. El acto tendrá lugar a las 20, 30 horas, por eso tildamos de épico el evento, competir con la semifinal España-Rusia no parece tarea fácil, en todo caso, les recomiendo vivamente la lectura de la novela, pertenece a la rara especie de las que se inician y ya no se sueltan. Esto nos cuenta de ella la promoción editorial:

En el marco de la terrible Guerra de la Independencia, pocos episodios históricos son tan fascinantes y poco conocidos como los que protagonizó la Insurgencia Gallega contra las tropas de Napoleón, que invadieron el territorio de Galicia a principios de 1809.

En sólo un mes, y después de que el ejército francés consiguiera la retirada y embarque del ejército inglés, Galicia ha rendido todo su territorio sin apenas resistencia por parte de las autoridades oficiales. Es entonces cuando estalla como un volcán la insurgencia popular. Surgen por todas partes guerrilleros y amotinados, labradores, artesanos y marineros, gente sencilla trasformada en improvisados combatientes de una insurgencia dispuesta a morir en defensa de su libertad. Serán conducidos por caudillos legendarios, como el Abad del Couto, capaces de conseguir increíbles acciones frente al mejor ejército del mundo. Son ellos los protagonistas de unos hechos que conducirán a la progresiva liberación de su territorio y a la heroica victoria final en la Batalla de Puente Sampayo.

El autor entreteje, en una fascinante historia novelada, la lucha de personajes históricos junto a otros de ficción arrastrados a contiendas, amores y venganzas. Todo ello en el seductor ámbito de la Galicia de costumbres ancestrales, influida por las creencias en embrujos y conjuros.

“Desde su soberbia, Napoleón no contaba que la puesta en acción de sus órdenes sorprendería en principio al pacífico búho gallego, pero que éste resultaría una peligrosísima ave rapaz, capaz de infligir muy serias heridas al águila napoleónica a la que conseguiría expulsar, para siempre, y maltrecha, de su propio territorio”.

Actualización: Mi buen amigo Manuel Arenas llama para anunciarme la suspensión del acto, buena medida, hay ciertos elementos contra los que resulta inútil batirse. La presentación quedará para otra día, ya anunciaremos cuando.

Nueva etapa en El Correo Gallego

Al final de un curso poblado de novedades, que, crucemos los dedos, pueden todavía ser algunas más, la dirección de El Correo Gallego ha tenido a bien trasladar nuestra columna del suplemento dominical a las firmas de opinión del diario. “El barril de amontillado” va ya por su sexto año ininterrumpido, ahora se renueva, iremos a cinco columnas y en medio de la pomada cotidiana, habrá que estar a la altura. Si pinchan sobre la imagen accederán al estreno en versión web.

Esta semana congreso…

Con el paso de los años, la Fundación Española de Historia Moderna se ha revelado como un elemento fundamental a la hora de coordinar esfuerzos e intercambiar experiencias entre los modernistas españoles. Los volúmenes de actas de sus reuniones científicas y las publicaciones que ha ido patrocinando resultan ser un referente imprescindible para nuestro trabajo. La semana que entra se celebrará en Santiago y Ferrol la X reunión de la Fundación. Con su eficacia habitual, la organización ha anticipado en la red un buen número de las comunicaciones que se presentarán, articuladas en torno a dos asuntos bien sugerentes:


Sección A. El mundo urbano en el siglo de la Ilustración

Sección B. El mar en los siglos modernos.

Ya he tenido oportunidad de echar un rápido vistazo, buen material, sin duda, que a muchos aprovechará. Por mi parte hablaré de intendentes, poder real y arsenales, ya saben, los modos de actuación de la monarquía borbónica cuando se empeñaba en algo, que era casi nunca, bien es verdad. Esta y muchas otras aportaciones se pueden ya descargar en pdf desde aquí.

El navegante del mar de papel

Javier Yuste, el navegante del mar de papel, es muchas cosas, algunas tan singulares como “notafílico”, aunque bien se ve que lo que lleva en la sangre es la historia, la mar y la literatura. Como además dibuja, me gusta imaginármelo como un joven Corto Maltés viviendo sus andanzas por los puertos más insalubres del mundo. Un tipo desenfadado y brillante, si señor, oiremos hablar de él. Dejemos que él mismo se presente.

Bicentenario y medalla…

Con motivo de los actos en celebración del Bicentenario del comienzo de la Guerra de Independencia en Galicia, cuando los coruñeses decidieron gallardamente alzarse contra Napoleón, el comité organizador del bicentenario y la asociación de recreación histórica “The Royal Green Jackets” nos han distinguido con la medalla de plata de la batalla de La Coruña. Un gran honor, que desde aquí agradecemos de todo corazón. Ahí tenemos una razón más para pensar que aquella trágica retirada de las tropas de Sir John Moore bien merece una novela, todo se andará. Fue, además, un acto entrañable, donde nos pudimos rodear del calor de viejos y nuevos amigos, los apasionados por la Historia vamos siendo multitud, que siga así por muchos años.

Diego García de Paredes, el Sansón de Extremadura

Este interesante hilo del foro de Hislibris nos da pie para recordar aquí a uno de los personajes centrales de mi novela “El Gran Capitán”. A fe que aquel gigantón excesivo nos dio buen juego literario y más que dará cuando alguien se decida a dedicarle la novela que merece. Algo que ya reclamaba Cervantes desde las páginas del Quijote:

“Hermano mío, dijo el cura, estos dos libros son mentirosos y están llenos de disparates y devaneos, y este del Gran Capitán es historia verdadera, y tiene los hechos de Gonzalo Hernández de Córdoba, el cual por sus muchas y grandes hazañas mereció ser llamado de todo el mundo el Gran Capitán, renombrado famoso y claro y dél merecido. Y este Diego García de Paredes fue un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en Extremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales, que detenía con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia, y puesto con un montante en la entrada de un puente, detuvo a todo un innumerable ejército que no pasase por ella, e hizo otras tales cosas, que si como él las cuenta y escribe él asímismo con la modestia de caballero y de cronista propio, las escribiera otro libre desapasionado, pusieran en olvido las de los Héctores, Aquiles y Roldanes”

(Don Quijote de la Mancha, parte primera, capítulo trigésimo segundo)

Y así era, el incansable general del Gran Capitán, antes había servido al Papa y a César Borgia, tuvo tiempo de escribir una singular autobiografía que llamó “Breve suma de la vida y hechos de Diego García de Paredes, la cual él mismo escribió y la dejó firmada de su nombre como al fin de ella aparece“. Narración un tanto caótica aunque apasionante y punto increíble, que se lee de corrido. Como advertía Cervantes, Paredes narra los acontecimientos como quien relata el discurrir de una plácida jornada campestre, sin asomo alguno de vanidad, a pesar de contarnos, por ejemplo, como daba buena cuenta, uno tras otro, de los desafortunados sujetos que le iban saliendo al paso una mala noche:

“Saltamos en compañía, siendo yo de guardia, los enemigos me acometieron por dos partes; dímonos tan buena maña con ellos, que se perdieron los más muertos y heridos; y porque peleando con ellos dije “España, España” fui reprendido del capitán Cesaro Romano, diciendo que yo era traidor. Yo le dije que mentía, y fue necesario combatir y Dios me dio victoria y le corté la cabeza, no queriendo entendelle que se rendía. Sabido por el Papa, mandome quitar la compañía porque me prendiesen, y así se hizo y fui preso en la tienda del General; y a media noche aventuré a salirme, tomando de la guardia una alabarda y con ella maté la centinela y salí fuera, y la guarda tras mi hasta la guarda del campo y allí reparé por la mucha gente que venía. El capitán, alborotado, detuvo a la gente con mano armada, no sabiendo por qué fuese yo así a la centinela, demandándome el hombre; yo no se lo supe dar y acometiome y matelo, y así salí fuera del fuerte y fuime al campo del Duque, donde fui bien recibido, aunque la noche pasada había hecho daño en ellos”.

La “Breve suma” se haya transcrita en el célebre volumen que compendia las Crónicas del Gran Capitán, obra del infatigable Don Antonio Rodríguez Villa: (Crónicas del Gran Capitán. Nueva Biblioteca de Autores Españoles. Vol. 10. Ed. Antonio Rodríguez Villa. Madrid, Bailly/Bailliére e hijos, 1908). Que todavía se puede encontrar en un buen número de bibliotecas españolas. Existe también un estudio crítico sobre su autoría que aquí les dejo.

Con todo ello podrán disfrutar largamente, rememorando las hazañas de un tipo permanentemente cubierto de hierro, capaz de enfrentarse a medio ejército francés en el puente del Garigliano o de arrancar de un tirón las rejas que protegían la ventana de su amada. Como buen español, la épica le falló al final, semejante valentón no merecía morir a causa de un mal traspiés:

“Falleció Diego García de Paredes en Bolonia, de achaque de que unos caballeros mancebos derrocaban con el pie derecho una paja de la pared, poniendo de corrida en ella el izquierdo; él quiso probar también y cayó, y murió de achaque de la caída”.

El suplemento “Culturas” de La Voz de Galicia reseña “El Gran Capitán”

Con el título “El lado humano de la Historia”, el profesor de la USC y articulista de La Voz Pedro Arias Veira, nos presenta una cálida semblanza de la novela. Como siempre digo, bien que se lo agradezco, no es corriente ser profeta también en tu tierra. Me gusta incluso que señale Ferrol como mi lugar de nacimiento, uno es coruñés, pero bien es verdad que la ciudad departamental siempre nos ha acogido con afecto paterno, Ferrol nos da suerte, eso es sabido. Pinchando en el link que aparece bajo este texto, podrán acceder al artículo en formato PDF:

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Consuélate corazón y espera que el mundo ruede

Por imperativo de una tournée eslava, he dejado el trabajo un poco a la diabla estos días. No obstante, el parón me ha servido para reflexionar sobre laberintos barrocos, Borges y Caramuel; y algo de Caramuel habrá en la próxima novela, eso seguro. Aquí les dejo un antiguo artículo sobre aquel visionario, publicado originalmente en El Correo Gallego, una vida, en fin, conectada con el mito escurialense que bien merece ser tenida en cuenta.

Aristóteles decía que los niños no podían ser felices y estaban haciendo siempre trastadas porque eran incapaces a aprender a hacer algo bien; cuando una persona sabe hacer algo bien, lo hace y no molesta a los demás. Cuando, por neurosis, por torpeza o por ignorancia no es así, nos encontramos con gente problemática. El único antídoto contra el aburrimiento es la maestría. (Antonio Escohotado, entrevista en El Mundo)

Siempre resulta estimulante repasar la historia de los espíritus curiosos. Juan Caramuel lobkowitz (1606-1682), fraile benito, obispo de Vigevano, es uno de mis favoritos, no porque su obra fuera extensa y poligráfica, sino por lo raro y excesivo de su pensamiento. No existe recoveco del saber que le resultase ajeno, Caramuel, el Leibniz español, resultó ser tan ducho para la gramática, como para las matemáticas, la arquitectura o los secretos de la imprenta, más de sesenta tratados publicados y otros tantos manuscritos lo atestiguan.
No obstante, hay dos aspectos de su producción que seguramente harían las delicias de tanto protocabalista y buscador de misterios como anda suelto. Uno de ellos es su gusto por el desarrollo del laberinto barroco. Poco que ver con las arquitecturas borgianas, pluriviarias y tortuosas, tan del gusto de occidente desde el mito de Teseo. Se trataba de desarrollar esa suerte de escritura metamétrica que, a partir de ingeniosos juegos formales promotores de una lectura multidirecional, proporcionaba al lector iniciado ciertas claves crípticas, a veces en varios idiomas, desde el latín al francés, para la comprensión del asunto tratado.
En otras ocasiones la cosa se complicaba todavía más, al añadir notas musicales y logogramas, intercalando figuras y letras a las que las leyes de la combinatoria concedían hermoso sentido, por ejemplo: “Consuélate corazón, si has passión, y espera que el Mundo ruede”. Ingeniosos juegos, en suma, para amantes de la semiótica, que debieron mantener a Caramuel bien ocupado.
Pero aún hay más, si existe un asunto apasionante, es la célebre teoría de la relación entre el Templo de Salomón y El Escorial. El viejo mito vinculado a los estudios del jesuita cordobés Juan Bautista Villalpando, todavía hoy no resuelto, que enlazaba en una especie de Traslatio Imperii, el inexorable camino hacia occidente del reino de Dios, desde la Jerusalén del sabio Salomón, hasta la Monarquía Hispánica del Rey Prudente, tuvo en Caramuel a uno de sus principales panigeristas. Dedicó al desarrollo de tan apasionante idea buena parte de su “Arquitectura civil, recta y oblicua, considerada y dibujada en el Templo de Jerusalén. Promovida a suma perfección en el Templo y Palacio de S. Lorenzo, cerca del Escorial, que inventó con su divino ingenio, delineo con su real mano, y con excesivos gastos empleando los mejores arquitectos de Europa erigió el rey D. Philppe II” (1678). De paso, sentó allí mismo las bases fundamentales para la construcción armónica de la columna serpenteante barroca, llamada precisamente salomónica y su posterior difusión a lo largo de la América colonial. Se evidencia así que en su larga y productiva vida Caramuel no tuvo tiempo de aburrirse, eso salió ganando.

Planeta de Agostini publica “El Gran Capitán” dentro de su colección. “Lo mejor de la Nueva Novela Histórica”

A partir de hoy podrán encontrar en quioscos y librerías mi novela “El Gran Capitán” también en la versión que acaba de editar Planeta de Agostini para su nueva colección de narrativa histórica. Ya sabrán que se trata de de una selección de 60 novelas recientes, muchas de ellas previamente publicadas por Edhasa, muy bien presentadas, en tapa dura y a un precio excelente.

Como es natural, uno se alegra de que a sus hijos les vaya bien y gocen de larga vida, si me permiten, más en este caso, porque sigo creyendo que las peripecias vitales de Gonzalo Fernández de Córdoba merecen ser recordadas, aunque sólo sea para certificar nuevamente aquello de que el que resiste, mejor si es con ingenio y un punto de humor, gana. Bien que lo demostró, aunque fuese a costa de sufrir la cuartana y los desaires de un rey que parecía apreciar su bolsa más de lo debido.

De la Historia “evenemencial” o cuando nos hartamos de contar vacas

 

Ha sido tanto el influjo de la escuela de Annales sobre la universidad española, que hubo un momento, felizmente ya pasado, en el que sólo se podía hacer historia económica y social. Aquel agotador pseudocientifismo nos obligaba entonces a contar, recontar y volver a contar, ya fuesen defunciones, ya las vacas por habitante en la baja Bureba. Así, nos íbamos perdiendo la Historia, la de siempre, la que bien haríamos en disfrutar y recordar. En consecuencia, cuando uno ha de documentarse en torno a reyes, validos, princesas y arribistas, no puede buscar pasto en los manuales al uso, nada se dice allí sobre ello, están ocupados enteramente en demografías, cosechas y “mentalidades colectivas”. La solución ha de buscarse en los libros de los bisabuelos o, bendito progreso, en Internet.

Para estas cosas, siempre he utilizado los viejos volúmenes que afortunadamente he ido heredando. Entre ellos, la vieja Historia de España de Modesto Lafuente y Juan Valera, en su edición de Montaner y Simón de 1879, una verdadera joya historiográfica plagada de datos que hoy, por las inercias economicistas que venimos relatando, apenas se conocen, constituyendo un verdadero salvavidas para el narrador de historias noveladas. Es, además, una edición extraordinaria, con ilustraciones tan irrepetibles como la que ilustra este artículo.

Hoy, por beneficio de la red, una buena parte de esta documentación olvidada y vilmente desaprovechada vuelve a aflorar. Sin levantarnos de la silla, podemos visualizar on-line o descargar en PDF muchas de estas joyas bibliográficas. Por ejemplo, la misma Historia de Lafuente de la que les hablo, accesible en “Libros Google”; o miles de artículos profesionales, donde se puede encontrar información sobre casi cualquier cosa en “Google académico”. Toda una aventura, de la que siempre extraeremos provecho.