Hablando de judíos y conversos en el programa Rojo y Negro


Clic en la imagen para acceder

Hablando de las misiones jesuíticas del Paraguay en “La otra mirada” con Alejandro Sánchez


La otra mirada

Desde este link podéis acceder al audio.

“Sartine y la guerra de los guaraníes” presentada en el contexto de las jornadas de Novela Histórica de Granada


Clic en la imagen para acceder

Decía Benedetti…


brooklyn“la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.”
…/…

“Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.”

Mario Benedetti.

Era sábado, era Brooklyn, se podía releer a Benedetti al socaire de la vida, fuera de los afanes atosigados por la subsistencia. Se dijo entonces que hay vidas lineales, seguras, confortables, planas hasta la extenuación. También otras vidas arrumbadas al peso de la encrucijada, subsidiarias del cambio, densamente coyunturales. Se dijo también que en esencia nadie elige si ha de vivir amparado por la burguesa monocromía o ha de verse condenado a saltar de la trinchera a cada paso, caminado a saltos bajo quien sabe qué fuegos distantes. Se dijo, en suma, que nadie en realidad elige nada de eso, al menos no conscientemente, cuestión de naturaleza y oportunidad. Se trata de sortear el desaliento, se trata de mantener la esperanza y la ensoñación. Se trata del calor de un cuerpo desnudo al anochecer, de un cuerpo cálido que conforta y reconcilia con la existencia y sus vaguedades sin interés. Se trata de pieles que, juntas, desbaratan la muerte. Se trata de saltar las trincheras que sean precisas, antes de claudicar ante la enseña de la economía afable y los buenos alimentos. Se trata de vagabundear por las raíces de lo imprescindible.

Hablando de pandemias en la Historia en el programa Rojo y Negro


Clic en la imagen para acceder al podcast.

The same old history


City

Pluralitas non est ponenda sine necessitate (la pluralidad no se debe postular sin necesidad.)

Guillermo de Ockham

Hay quien aún no consigue creerlo pero el principio de economía, si se quiere de parsimonia, ayuda vivamente a manejar el discurrir. Suele acontecer que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla acostumbra a ser la correcta. El sinuoso Edgar Hoover caminaba aún mas lejos con aquel grosero “si te lo parece, es” que condujo a tanto incauto directamente a las profundidades de los archivos de la Agencia, desde Melvin Purvis o el atribulado Robert Oppenheimer, hasta Marylin o la deliciosa Lucille Ball. Sin llegar tan lejos, Rooney Ledo sostenía desde que le alcanzaban los recuerdos la extrema validez de la navaja de Ockham. Y con esos mimbres procuraba transitar por la vida adulta tragando la mínima cantidad posible de milongas conmiserativas con las que se le pretendía sosegar el ánimo cada martes y cada jueves.
Emily le había escrito sobre el amor. Mas concretamente sobre las cualidades afectivas de su nuevo y casi resplandeciente amante. El sujeto parecía concitar en sí todos los beneficios de la creación y la buena genética. A la luz de aquella letra redonda y apretada, semejaba poseer la educación sentimental de Gustavo Flauvert, la galanura y caballerosidad de Beau Brummel, al menos la misma abnegación que Alberto Schweitzer, el vigor de un titán y la hacendosidad y aplicación doméstica de una monja de clausura. “Si además prepara razonablemente los cócteles” –se dijo, en tanto apuraba la penúltima copa de lo que demonios fuese aquello– ni Salomón en toda su gloria podría competir con tales dones y semejantes virtudes. Emily siempre conseguía conmoverle, todas las Emilys de este mudo lo hacían, pensó en emplazarla a una cita en su viejo refugio, aquel cafetín escondido donde el hirsuto propietario, el buen Dios lo siga bendiciendo, permitía fumar a la clientela; si, citarla una vez que hubiese pasado el tiempo y los humores, la general molicie, las manías, las neurosis, la mala baba y los fundamentos dudosos; llamarla cuando todo aquello hubiese ido aflorando, empañando la vida y revolviendo las tripas que aún le quedaban. No merecía la pena, Rooney Ledo imaginaba muy bien lo que Emily le llegaría a relatar entonces. En el ínterin corría el tiempo de los anhelos y eso, diablos, no tenía nada de malo.

Panta Rei


Estambul22

Ese universo facetado, que tan budista me parece, me recuerda que todos vivimos cien vidas y con todos somos diferentes, da igual anclarse en los topónimos que en los pronombres, panta rei decía Heráclito, nada permanece o todo es eterno, según se quiera mirar. Y, al final, a su tiempo y a su modo, uno toma sus opciones y sus compromisos, cuando se tercie; porque igual es mejor dejarlo todo plantado y largarse a Estambul para adquirir una buena pipa labrada en espuma de mar, probar si tiene fácil tiro y sentarse a descubrir el afán de los eternos comediantes que pueblan el Cuerno de Oro. Al fin, con un buen libro de instrucciones a la mano sabemos hacer casi cualquier cosa, no faltaría negocio ni ocupación, tampoco medio de vida ni dama que echarse al caletre.
En oriente, ese oriente que conoces mucho mejor que yo, tiende a creerse que el camino hacia la consciencia pasa por el desapego, por practicar el arte de prescindir de lo innecesario, de lo gravoso, de lo inútil, también de lo malsano y uno añadiría que aún de lo simplemente molesto. Desechar, entonces, renegar, repudiar el mal fario y los malos fundamentos de según quien se cruce por la vida es arte bien antiguo, candil de sabios y bálsamo necesario para adornar una larga, tenue y provechosa existencia.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 488 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: